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Médicos cubanos entre el bien y el mal
Publicado el lunes, 10.24.11
Médicos cubanos entre el bien y el mal
Alejandro Armengol
Fue en julio y en 1998 cuando un taxista mexicano nos preguntó a Sara y
a mí: "¿cubanos de Cuba o de Miami?", como si existiera un país dividido
–al igual que Alemania después de la Segunda Guerra Mundial– o dos
naciones que se habían apropiado de un mismo nombre. Luego de saber la
procedencia, el hombre se empeñó en ganarse nuestros dólares, y al
tiempo que se mostraba solícito en llevarnos a los Jardines de
Xochimilco, las pirámides y los mercados de artesanía del Distrito
Federal, alababa los logros de la medicina en la isla.
"Esta enfermedad, la curan en Cuba gratis", nos dijo mientras nos
mostraba un brazo y se viraba para que pudiéramos ver mejor las manchas
de su cuello y cara. A partir de ese momento, supimos que nuestra
conversación marcharía cuesta arriba, con dificultad creciente, si
hablábamos de política. Alguien que padece de vitiligo no es fácil de
convencer. Sobre todo si en algún momento le han hecho una promesa de
tratamiento gratuito –así nos hizo saber–, en caso de lograr las
conexiones necesarias para emprender el viaje a la isla. De nada sirvió
explicarle que la medicina para extranjeros en La Habana había que
pagarla con esos mismos dólares –muchos más– que se empeñaba en ganar
aquella mañana, que salvo por razones políticas –no existentes entonces
y tampoco hasta el momento– los mexicanos de a pie quedaban fuera de la
caridad castrista hacia los enfermos latinoamericanos, que los cubanos
residentes en la única Cuba que en realidad existe geográfica y
políticamente pasan mil trabajos para encontrar cualquier medicamento.
Ningún argumento tenía la fuerza necesaria para apartarlo de la
esperanza. Aquel chofer debe seguir esperando todavía, ahora envidiando
a venezolanos y bolivianos.
Miles de latinoamericanos han sido atendidos por médicos cubanos. Las
cifras son impresionantes. No es fácil rebatir este esfuerzo. Y sin
embargo, la existencia de una causa justa no le resta un ápice a un
objetivo primordial de la campaña: el interés del gobierno de los
hermanos Castro por mantenerse en el poder. Si antes el
"internacionalismo proletario" se manifestó a través de la lucha armada
y la guerrilla, ahora el frente internacional se ha convertido en una
fuente de prestigio, influencia y divisas. Al tiempo que los servicios
médicos en el exterior es una de las principales fuentes de ingreso
monetario, en buena medida se mantiene la leyenda de los facultativos
cubanos dispuestos a ir a cualquier lado y atender a cualquiera. Es
posible que la ingenuidad del taxista mexicano se haya reducido con los
años, pero aún abundan los que defienden los "logros" de la salud
pública en la isla.
El sacrificio de miles de cubanos –en muchas ocasiones brindando
asistencia médica en condiciones difíciles– contribuye al mantenimiento
de un gobierno dictatorial. No de una forma elemental. No se trata de
atacar o criticar la labor de los médicos, lo cual sería injusto.
Cualquier alivio del dolor y toda cura de un padecimiento son meritorios
en sí mismos. Pero hay dos males mayores que este esfuerzo dilata: la
permanencia de un gobierno que suprime las libertades individuales y el
encubrimiento de la ineficiencia de varios gobiernos latinoamericanos
–especialmente el de Venezuela– para resolver sus problemas.
La práctica médica cubana en el exterior, beneficiosa para miles de
ciudadanos de otros países, también contribuye al reforzamiento de un
gobierno perjudicial para millones de habitantes en la isla. Es parte de
la lógica de un sistema, que para perpetuarse necesita tanto un objetivo
internacional como un enemigo externo: un modelo que se repite en
diferentes escenarios –y con diversos medios, tanto pacíficos como
violentos– y que siempre se empeña en subordinar el destino nacional a
un factor extranjero.
El populismo de Chávez se limita a dar algún respiro en medio de la
miseria. El gobierno de Caracas ha logrado poco o nada en lo que se
refiere al desarrollo económico del país, una reducción considerable de
la pobreza y la creación de nuevas fuentes de empleos, al tiempo que la
corrupción es igual a la de otros gobiernos. Pero Chávez cuenta a su
favor con el historial de robo, incompetencia y entreguismo de los
gobiernos anteriores, el cual continúa obrando a su favor dentro de
determinados sectores ciudadanos.
Los médicos cubanos se han colocado en el centro de la política
venezolana y son un factor determinante en el futuro de ese país, desde
dos dimensiones diferentes pero relacionadas.
Por una parte, tienen a su cargo el cuidado personal del mandatario, que
padece una enfermedad llena de rumores, incertidumbre y misterio. Por la
otra, quienes se encargan de atender al venezolano común, sin los
recursos de un hospital con la más moderna tecnología y los medicamentos
más avanzados de cualquier país a la mano, disimulan las faltas de
Chávez, no las de su salud sino las de su desempeño como gobernante: el
empeño de éste de ser un líder latinoamericano, que subordina el interés
nacional frente a un ideal de grandeza hemisférica. El dinero de Caracas
alimenta la decadencia de La Habana y prolonga su agonía. Al igual que
otros cubanos, los médicos de la isla se han convertido en protagonistas
voluntarios e involuntarios de una época diversa y a la vez monótona,
donde han compartido un mismo objetivo y padecido una afrenta similar:
contribuir a la gloria de un hombre primero, luego a la permanencia en
el poder de una familia, y siempre a resignarse tener que asumir un
destino impuesto.
http://www.elnuevoherald.com/2011/10/24/v-fullstory/1049802/alejandro-armengol-medicos-cubanos.html
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