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Reconciliación nacional: ¿Cómo y con quién?

Reconciliación nacional: ¿Cómo y con quién?

Miércoles, Diciembre 19, 2012 | Por David Canela Piña

LA HABANA, Cuba, diciembre, www.cubanet.org -Cuba necesita de una

transición formal, no solamente económica y política, sino también

espiritual. A esa transición, deseable por su integridad y espíritu

regenerativo, se le suele dar el nombre de "reconciliación". Pero es

necesario definir antes algunas preguntas: quiénes deben reconciliarse,

con cuáles ideas o principios deben reconciliarse, cómo pueden

reconciliarse, y para qué deben reconciliarse –si es que existe algún

imperativo en la consciencia nacional, de tipo moral o psicológico.

Este concepto guarda además una ilusión, o una sublimación romántica, y

es la creencia de que los cubanos –antes de 1959– vivían en armonía y

concordia, conciliados por unos valores que ya se han perdido. Pero como

ha señalado Jesús Díaz en su ensayo "Dieciséis notas sobre el

desequilibrio cubano" (incluido en el libro Bipolaridad de la cultura

cubana, Centro Internacional Olof Palme, 1994) la historia de Cuba puede

contarse como una historia de la desmesura, los desequilibrios raciales,

económicos, los contrastes sociales, las asimetrías de poder; y en la

que, como si fuera un cuadro tenebrista, predominan zonas de intensa

luz, y negras sombras; a lo que añado –en el campo ideológico– la

disyuntiva entre opuestos que se excluyen, la rebeldía como forma

primaria de , el juicio categórico, con pretensiones de dogma, y

que al final se diluye en ambigüedad, o en la utopía, la negación

acrítica del pasado, y el mito de un re-nacimiento histórico ex nihilo.

¿Qué tiene que ver eso con la reconciliación? Que hay que renunciar a

fantasías heroicas, y curarse de muchos complejos: el de vencedores, y

el de vencidos, el complejo de "cruzados" (o de "elegidos") con una

misión histórica, y el de víctimas, con un destino fatal. La

reconciliación es básicamente un proceso de terapia, de catarsis, de

sanación colectiva, que no tiene un principio ni un final visibles. A

diferencia de otros procesos, como el de la Revolución, éste no se podrá

medir por la creación o abolición de leyes e instituciones, ni por la

entronización de una ideología. No habrá un Ministerio de la

Reconciliación Nacional, pero creo que debe haber un Ministerio de

Justicia con la autonomía suficiente para enjuiciar –con apego a las

leyes vigentes– las más graves violaciones a los

cometidas durante esta dictadura, y comisiones de la verdad, que se

ocupen de la restauración moral y de la justicia a la verdad histórica.

Una Comisión para la Verdad y la Reconciliación (como la de Sudáfrica)

sólo podría organizarse en los albores de una democracia constitucional,

y sus conclusiones serían el epitafio de las mentiras de la Revolución.

En sus audiencias públicas, podrían dar testimonio las víctimas, y

también los victimarios. Incluso, los que quieran participar en un mejor

esclarecimiento de la verdad, pudiesen recibir una amnistía, y hasta ser

testigos protegidos, siempre y cuando declaren toda la verdad, y afirmen

públicamente su arrepentimiento. Pero más importante que juzgar a los

autores materiales de las violaciones a los derechos humanos, es conocer

quiénes fueron los autores intelectuales, los que dieron la orden, y

apuntaron con el índice; en resumen, descubrir quiénes fueron los

máximos responsables de las decisiones que le han costado la vida a

miles de cubanos, directa o indirectamente; pues no solamente ha habido

crímenes políticos, sino también económicos. Los delitos pueden

prescribir, pero la verdad histórica no.

Que no haya una Inquisición, ni autos de fe, o tribunales

anticomunistas, que sean la contraparte de aquellos "tribunales

revolucionarios" de 1959, pero tampoco el "vamos, todo el mundo en la

cola, derechito, y con el perdón en la mano", ni el "olvídense de eso,

que ya todo pasó", y mucho menos el "aquí no pasó nada". Quienes sean

incapaces de perdonar, tal vez por la gravedad de su sufrimiento, o de

su frustración, deben al menos tener el derecho a ser consolados por una

justicia humanitaria e imparcial, que les restituya en parte su ya

lastimado decoro, y les permita comenzar a hacer su duelo –al fin– en paz.

La justicia nunca será completa, ni perfecta, pero su ideal atrae y

fortifica más a los hombres, que a las plantas los rayos del sol.

Incluso su paradigma más neutro, la Ley del Talión, sólo puede hacer

equivalencias formales, pues el ojo de un inocente vale tanto como el

ojo de un malvado, y el daño no se restaura. "Ojo por ojo, y todo el

mundo acabará ciego", decía Mahatma Gandhi; pero quizás pudieran

redimirse los ojos del agresor, si éste le regalase su videncia al

agredido, y fuera el lazarillo de su mutilado; o sea, lo indemnizara.

El problema esencial no es reconciliar a los cubanos de la Isla, cuyas

almas han sido dibujadas por una ideología, con los que viven hoy en el

exilio; ni la meta debe ser tampoco que los represores y los reprimidos

lleguen finalmente a confraternizar. Por ejemplo, sería muy improbable

ahora que un policía y un vayan a tomar cerveza juntos; pero

no sería extraño en un Estado de derecho, ya que los dos serían

entonces, simplemente ciudadanos.

El problema esencial es poder conciliar a todos los cubanos con un ideal

de democracia, y con esa verdad histórica que ha sido camuflada,

deformada, y preterida, y sólo puede contarse bien desde todos los

ángulos, y desde todas las voces. Este gobierno, que ha erigido su

verdad como la única Verdad, ha cultivado la discordia, los prejuicios,

la intolerancia y la bobería. Hoy, renacer como nación significa

cultivar los principios de respeto y tolerancia, sobre los cuales se

basa el diálogo y la convivencia pacífica. Debe aprenderse a reconocer

la diversidad política más como una fuente de riqueza cultural y

equilibrio social, que como un peligro. Sólo a través del aclaramiento y

la aceptación de la verdad histórica, y del consenso en las ideas, y en

los principios éticos y políticos fundamentales, podrán los cubanos

intentar una reconciliación entre sí, y consigo mismos.

http://www.cubanet.org/articulos/reconciliacion-nacional-%c2%bf-como-y-con-quien/

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