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Blogósfera anticipada: democracia a la espera

Blogósfera anticipada: democracia a la espera
Viernes, Abril 19, 2013 | Por Manuel Cuesta Morúa

LA HABANA, Cuba, abril, www.cubanet.org -No soy periodista, pero me
parece necesario participar de un debate que se ha venido suscitando en
torno al periodismo independiente, el portentoso fenómeno y el
tema de la democratización.

Mi percepción es que el periodismo independiente, nacido a fines de la
década de los 80 y principios de la década de los 90, del siglo pasado,
anticipa el fenómeno blogger. Por sus contenidos.

Las primeras historias vivas de la marginalidad y de los mercados vacíos
aparecen en los textos de estos auténticos hozadores de la noticia, que
solo pueden llegar con su de notas a pueblos, comunidades y
barrios, para luego dictarlas por teléfono en mensajes de voz. Las
primeras imágenes de hospitales deshechos fueron vistas tras la lente de
fotorreporteros independientes, que mostraban las grietas ensanchadas en
el sistema de cubano. De modo que los primeros blogs en Cuba
fueron de lápiz y papel.

Su rol ha sido importante como la primera fuerza que permite la
democratización de la información para los cubanos que pueden seguirla.
De tres formas diferentes y complementarias: por la posibilidad de otro
punto de vista, por la visibilidad de otra versión hecha con datos
fragmentarios, y por la apertura y escucha de otras voces que cuentan
desde abajo.

La avalancha represiva de 2003 a la prensa independiente podría
entenderse también como un intento, fallido a la larga, de impedir que
el real o supuesto enemigo obtuviera una visión distinta y sistemática
de la realidad cubana. Nunca debería verse como la necesidad de cortar
un flujo de información sensible, descodificada para uso del enemigo,
tal como pretendió hacer ver la ridícula y cruel , o Ley Mordaza.

El impacto agregado más importante de la prensa independiente es, en
consecuencia, el de la democratización. Las redes sociales, que toman
impulso en el mundo a fines de los años 90, y en Cuba a partir del 2004
y 2005, solo potenciaron el efecto democratizador que la prensa
independiente venía fraguando desde el siglo pasado.

Tienen algo de razón por eso los periodistas independientes que se
quejan de los efectos mediáticos de aquello que intuyó el comunicador
canadiense Mac Luhan: la conversión del medio en el mensaje. Y este fue
el caso con la aparición de las bitácoras digitalizadas y de otras redes
sociales de comunicación instantánea.

La irrupción del dio la impresión de que irrumpía también la suerte
del periodismo social y cívico que lo constituye como fenómeno dentro de
los medios masivos de comunicación globalizados y dentro de la sequedad
de la prensa oficial en Cuba.

Pero las bitácoras personales eran la realidad de la prensa
independiente en la Isla, no por elección sino por necesidad de ser y
hacer algo diferente, perseverar y sobrevivir sacando a la luz el tipo
de información que no demanda ni depende de fuentes ligadas al Estado, y
que se puede conformar con una observación inteligente y perspicaz de la
realidad social.

Lo que el periodismo independiente quizá perdió de vista fue el impacto
exponencial e integrativo del blog, como referente dentro de las redes
sociales, y la capacidad de éstas para potenciar la comunicación y darle
una nueva cobertura a la información, a la opinión y a las historias
bien contadas de una manera que siempre agradece el lector. En las redes
sociales no es necesario ni siquiera escribir correctamente, basta saber
contar una historia atractiva con un nuevo lenguaje virtual y tener la
voluntad de hacerlo.

Esto último es lo más importante, desde mi perspectiva, como efecto
democratizador provocado por el nuevo periodismo dentro de las redes
sociales. Basta la voluntad individual para la proyección del mensaje
personalizado a través de una matriz de redes compactadas que al mismo
tiempo ponen la mínima información y la pequeña opinión en un montón de
salidas que pueden ser vistas, leídas y desechadas simultáneamente por
cientos de miles de consumidores múltiples.

Esta potencia informativa no mejora la calidad de la información de por
sí, pero multiplica la voz, democratiza a los sujetos, presiona a los
medios más establecidos y les obliga a un cambio de formato si quieren
conservar a sus lectores. De hecho, tiene efecto sobre el tema de la
veracidad informativa, porque resulta más accesible.

Tal multitud de voces que pueden contar tanto sus propias historias como
sus versiones sobre una historia, es lo más importante de las redes
sociales: democratiza la voluntad de contar, y con relativo éxito. Y
está claro que el tipo de bitácoras de agencia que caracterizó y
caracteriza al periodismo independiente en Cuba tiene que asumir también
la realidad de que el medio es soporte del mensaje, o de lo contrario
perece.

Ahora los grandes medios comienzan su traslación al mundo digital, y no
abandonan el papel, pero éste se convierte cada vez más en una suerte de
prensa de cámara, frecuentada por un cada vez más reducido segmento de
lectores. Este proceso mediático se desarrolla con más fuerza una vez
que se desinfla el real o supuesto potencial de las redes sociales para
traer la democracia a los lugares dominados por dictaduras o autocracias.

¿Cuál es el papel de las redes sociales en la democratización? El mismo
que el del periodismo tradicional, pero esta vez multiplicado. Por eso
lo entiendo como importante pero no crucial. A mi modo de ver, ha habido
una proyección mediática de los medios sobre su propia capacidad para
instalar democracias. Si la de expresión es condición y causa
de que existan sociedades democráticas, creo que se ha producido una
confusión entre aquella —la libertad de expresión— y los medios
empleados para canalizarlos. Las redes son una herramienta, no son de
por sí la libertad misma.

Es cierto que Internet posibilita el acceso de un número mayor de
personas a un número mayor de información en el menor tiempo posible, y
permite, al mismo tiempo, lo más importante para la democracia: el
ejercicio de la propia voz y la deslegitimación consiguiente de las
coartadas tradicionales para negar el acceso de los ciudadanos a las
fuentes de poder. Ello es de por sí democratización y se constituye en
una condición suficiente para exigir la democracia. Pero no es una
condición necesaria para que ésta llegue a vías de hecho.

Más que herramientas para la libertad de expresión, se necesita cultura
de libertad. Y esta precede a las herramientas. Razón por la que
Internet se convierte en derecho exigible más que en recurso de poder
para alcanzar la democracia.

La cuestión es que la democracia exige una voluntad común, y las redes
que la posibilitan tienden también a dispersarla a través de la
bitacorización de los mensajes y de la voluntad. El individuo puede
encontrarse igual de solo cuando está conectado que cuando está en medio
de la masa.

El tema de fondo es que, en tanto herramienta, Internet y sus redes
sociales pueden ser usadas también, y de hecho lo son, por las
dictaduras y las autocracias y los enemigos sociales de la libertad.
Porque, además, habría que asumir que la sociedad civil puede
constituirse en enemigo de la democracia.

El hecho de que las tecnologías de la comunicación sean un fenómeno
creado y producido por sociedades libres, se entiende indebidamente como
productor de libertad en cualquier tiempo y lugar. No se invierte la
lógica para comprender entonces que ellas son más un producto de la
libertad acumulada que creadoras de libertad por sí mismas.

Las sociedades totalitarias se derribaron en un momento anterior a la
explosión de Internet y sus redes sociales. Por su parte, el mundo árabe
no fue ni es más democrático a causa de las redes sociales. Estas
propiciaron la rapidez y la conectividad de una voluntad democratizadora
que ya existía en sociedades que por demás tenían, aunque fuera en
ciernes, el germen de una sociedad civil institucionalizada.

En otro contexto, en , las redes sociales no han impedido el
deterioro progresivo de la democracia, tanto en su calidad -entendida
como el comportamiento de sus actores- como en sus instituciones,
vistas en su dimensión independiente y de imparcialidad estructural. Y
consta que los venezolanos se cuentan entre los ciudadanos
latinoamericanos más activos en las redes sociales.

En Cuba, asistimos a un reacomodo de las expectativas en relación con la
capacidad de las redes para traer la democracia. Y no solo por la
constatación obvia de que el acceso a las redes depende, hasta ahora, de
la voluntad del gobierno, sino por el hecho de que nuestro país es la
prueba de la dispersión de la voluntad democrática, precisamente por su
posibilidad para expresarse como voz personalizada y activa en medio de
la explosión cacofónica de la opinión.

Una cosa es usar los medios para la democracia, y otra es considerar el
uso individualmente masivo de los medios como democracia. Esto último
expresa la libertad, pero no el poder institucionalizado de las
mayorías, ni la protección de las minorías.

El reacomodo se produce además porque se reduce la brecha de explotación
digital entre la dictadura y la sociedad civil. Esta última gozó de una
ventaja de partida producida por la lenta reacción del leviatán
totalitario ante el fenómeno de la tecnología. Pero una vez que el
Estado cubano reaccionó, se encuentra en capacidad de adaptarse y hacer
uso también de las mismas herramientas que se suponen emancipadoras.
Puede, además, desconectarnos porque al final es quien controla el
switch central de la comunicación en redes.

De modo que la ventaja de las redes sociales se reduce, en lo
fundamental, a la misma que ya tenía el periodismo independiente antes
de la entrada de Internet: la credibilidad del mensaje, una vez
neutralizado el medio como mensaje en sí mismo. La diferencia crucial,
no obstante, es la instantaneidad y difusión de ese mensaje.

De tal manera, considero que las redes sociales tendrán un papel crucial
en la consolidación de un nuevo peldaño y una nueva cualidad democrática
para los cubanos, pero solo cuando la democracia llegue también por
otros medios políticos y pacíficos.

http://www.cubanet.org/articulos/blogosfera-anticipada-democracia-a-la-espera/

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