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El galeno perjuro y el enfermo cabal

El galeno perjuro y el enfermo cabal
ERNESTO SANTANA | La Habana | 8 Dic 2014 – 8:28 am.

El doctor Félix Báez Sarría, salvado del ébola y vuelto a Cuba, prestó
sus servicios en contra de la y del economista opositor Oscar
Espinosa Chepe.

Después de enfermar de ébola en África durante una misión médica y,
luego de recuperarse por completo en un de Ginebra, Suiza, el
Dr. Félix Báez Sarría ha podido volver a ver a su familia en Cuba. El
economista , cuya enfermedad hepática se agravó
durante el presidio político, no pudo retornar a su casa cuando
falleció, hacen 15 meses, en el hospital madrileño en donde trataron de
salvarlo, tesoneramente pero sin éxito.

Al médico militar y al economista los unió un momento de la
historia que, aunque fugaz, revelaría nítidamente la condición humana de
cada uno de ellos: el 25 de marzo de 2004 el galeno acudió a una
conferencia de prensa organizada por el hoy caído en desgracia Felipe
Pérez Roque, entonces ministro de Relaciones Exteriores, en la
Cancillería cubana, para suministrar información médica sobre Espinosa
Chepe, que en aquel momento se hallaba cumpliendo una condena de 20 años
de prisión.

El doctor Báez Sarría conocía perfectamente el estado de del
opositor, pues lo atendió en la sala para penados del Hospital Militar
Carlos J. Finlay, pero decidió cumplir su parte en una farsa para
desacreditar las inminentes denuncias de varias organizaciones del
exilio cubano ante la Comisión de de la ONU —con sede
precisamente en Ginebra— sobre el estado de salud de algunos miembros
del Grupo de .

En aquel espectáculo televisivo preparado por el régimen, el médico
declaró que Oscar Espinosa Chepe no se encontraba grave, y mucho menos
padeciendo cáncer de hígado, por la sencilla razón de que ni siquiera
estaba enfermo, traicionando así, con la mayor frialdad, el corazón
mismo de la práctica médica occidental durante 2.500 años: el juramento
hipocrático, considerado como un rito de iniciación después de la
graduación y antes del ingreso en la vida profesional médica.

Dice una versión de este juramento adoptada por la Convención de
Ginebra, ciudad donde el doctor Báez acaba de recibir una especie de
segunda vida: “No permitiré que entre mi deber y mi enfermo vengan a
interponerse consideraciones de religión, de nacionalidad, de raza,
partido o clase. Tendré absoluto respeto por la vida humana. Aun bajo
amenazas, no admitiré utilizar mis conocimientos médicos contra las
leyes de la humanidad”.

Conociendo el invencible poder corruptor del castrismo sobre casi todas
las profesiones, resulta difícil hallar una que en algún momento no haya
sido envilecida y llevada a colaborar, si no mediante la represión y el
crimen abiertos, al menos mediante la mentira, la calumnia y, en fin, el
asesinato de reputación. Y la práctica médica no solo nunca ha salido
impoluta de las grandes tiranías, sino que con frecuencia ha colaborado
activamente con la gubernamental. Recuerdo que el padre de una
amiga, médico, había trabajado durante varios años en EEUU como
anestesista y, según contaba ella misma, un buen día tuvo que salir
huyendo de allí porque se había descubierto su misión como sicario de la
contrainteligencia cubana.

Los hombres como el doctor Báez Sarría pueden ir hoy a cumplir una
misión aparentemente humanitaria con el mismo entusiasmo con que violan
el juramento hipocrático y ayudan a que un hombre inocente muera en
injusta prisión. Pues hay que reconocer que de eso se trata en cuanto a
los opositores políticos: ya que costaría demasiado caro eliminar a la
mayoría de ellos, que sería lo ideal, y como incluso no es tarea
sencilla deshacerse de los más irreductibles, entonces, a los que se
pueda hay que asesinarlos de a poco con terribles condiciones de
encierro y liberarlos cuando ya estén fulminados. Dentro de esa
estrategia general, más allá de las propias mentiras, es donde se
encuentra la complicidad profunda del doctor Báez con los verdugos.

Por eso cuando líderes de la oposición como José Daniel Ferrer o
Guillermo Fariñas denuncian un nuevo plan del régimen para amedrentar o
eliminar a los opositores que mantienen una postura más firme, tenemos
que recordar que planes como esos, o la imagen que reciban de esos
planes los medios, dependen en buena medida de profesionales como el
doctor Félix Báez Sarría, dispuestos a cumplir cabalmente cualquier
orden que reciban, siempre a mayor gloria del Máximo Líder.

El famoso voto del gran médico griego termina diciendo: “Si observo con
fidelidad este juramento, séame concedido gozar felizmente mi vida y mi
profesión, honrado siempre entre los hombres; si lo quebranto y soy
perjuro, caiga sobre mí la suerte contraria”. Tal vez, durante sus días
de enfermedad, en el portal de la muerte, el médico mendaz temió que por
fin la maldición hipocrática le estaba haciendo pagar caro su sacrilegio
de 10 años atrás. Tal vez no, porque de seguro nunca aceptaría que, al
revés de lo que Maquiavelo le enseñó a su Comandante, que el fin
justifica los medios, en realidad, como dejó claro Albert Camus, son los
medios los que justifican el fin.

Si Espinosa Chepe hubiera escogido a tiempo el exilio, posiblemente
hubiera salvado su vida, pero prefirió permanecer aquí diciendo la
verdad sobre la economía cubana por el bien de su país y finalmente
murió, pero en paz consigo mismo. Siendo adolescente, había caído
por luchar contra la dictadura de Batista, cuando aún no había nacido
Félix Báez, que luego, ya médico militar, escogería mentir y traicionar
el juramento hipocrático por la satisfacción de servir a otra dictadura.

Ojalá que esta “segunda vida” le sirva al galeno para enmendar la
primera, o al menos para no volver a avergonzar la memoria de Hipócrates.

Video:

Source: El galeno perjuro y el enfermo cabal | Diario de Cuba –
http://www.diariodecuba.com/cuba/1417983297_11683.html

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