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Tiempo de transiciones

Tiempo de transiciones
La enajenación generacional provocada por el arribo de al
poder está al terminar
Arnaldo M. Fernández, Broward | 26/01/2015 12:40 pm

Mientras Chirino cantaba Nuestro día ya viene llegando (1990) y
Oppenheimer sonaba La hora final de Castro (1992), la caribóloga Dr.
Gillian Gunn Clissold armaba su Cuba Project en la de
Georgetown para discutir la situación de la Isla, sobre todo con
académicos y funcionarios gubernamentales.
Gunn Clissold se alzó enseguida con un grant del think tank Twentieth
Century Fund [The Century Foundation] para investigar las opciones
políticas de EEUU con vistas a la transición en Cuba y terminaría dando
a imprenta Cuba in Transition (Brookings Institute Press, 1993, 104 pp).
Al igual que el libro de Oppenheimer, este folleto se puede adquirir hoy
a quilo en Amazon, pero el Dr. Néstor García Iturbe acaba de
desempolvarlo así: “Si usted encuentra alguna similitud con lo que está
sucediendo en estos momentos, no es pura coincidencia”.
Pas de deux
García Iturbe fue spymaster de la Misión de Cuba ante Naciones Unidas y
rector del Instituto Superior de Inteligencia Adriana Corcho. Ya
retirado de esos trajines se dedica a investigar y hacer periodismo con
foco en EEUU. Gunn Clissold dejó Georgetown en 2002 y siguió la rima en
la Universidad Trinity hasta que se retiró a Virginia como entrenadora
de caballos.
En agosto de 2008, el analista de la contrainteligencia militar
estadounidense Chris Simmons soltó que Gunn Clissold había sido agente
de influencia del servicio de inteligencia castrista. Ella replicó era
absurdo, pero se abstuvo de demandar por difamación. Cabe suponer
entonces que el fin último de aquella investigación suya fue advertir a
Castro por dónde irían los tiros y propiciar cómo escudarse mejor.
García Iturbe resume así el informe de Gunn Clissold:
1. Fundamentación
La enajenación generacional provocada por el arribo de Fidel Castro al
poder está al terminar, pero nadie sabe que vendrá después. Sin ,
la transición a la democracia puede llevarse a cabo pacíficamente, sin
intervención ni ocupación militar y sin políticas que pudieran causar
estallidos de . Cuba debe ser inundada con productos, servicios
e inversiones de EEUU, pero sobre todo con estadounidenses. El gobierno
cubano debe ser llevado a una posición en que no tenga otro remedio que
actuar acorde con EEUU.
2. Cambios en la política de EEUU
Hay que suspender la retórica agresiva y reiterar el mensaje de que EEUU
no intenta agredir a Cuba. Asimismo debe cesar la presión sobre empresas
de terceros países para que no comercien con la Isla. Toda ayuda
humanitaria debe enviarse a través de ONG en EEUU a ONG en Cuba y solo
para mejorar la situación del pueblo.
EEUU debe dejar bien claro que se opone al gobierno, pero no al pueblo.
Debe abstenerse de maniobras militares agresivas e informarlo tanto
privada como públicamente. Los exilados tienen derecho a preocuparse por
Cuba, pero cualquier solución debe venir desde dentro. Washington debe
guardar distancia con respecto al ala conservadora de la comunidad
cubanoamericana, trabar más estrechas relaciones con otros segmentos y
disipar el temor de que busca imponer un gobierno dirigido por exilados
en la Cuba post-Castro.
3. Pasos hacia la transición
Es preciso abrir oficinas de prensa en Washington y La Habana, cerrar TV
Martí y rediseñar Radio Martí, así como celebrar reuniones conjuntas
sobre medio ambiente, tráfico de drogas y otros temas de mutuo interés.
Además de establecer vuelos directos y mejorar el y las
comunicaciones, hay que dar mayores posibilidades de viajar a Cuba y de
enviar remesas y mercancías, e incluso financiar becas y viajes de
muchos cubanos a EEUU, sobre todo de jóvenes, involucrados en el
gobierno a distintos niveles.
4. Medidas de Cuba para normalizar relaciones
Hay que principiar con negociaciones para compensar a las firmas
estadounidenses que fueron expropiadas. Amén de permitir que Naciones
Unidas investigue la situación de los , se requiere
liberar a los presos políticos y efectuar elecciones municipales y
nacionales con la presencia de observadores internacionales.
5. Conclusiones
El gobierno que surja de transición pacífica en Cuba no será
necesariamente anti-EEUU, pero estará ansioso por demostrar su
independencia. Es posible que ese gobierno se denomine aún socialista,
aunque no será de corte leninista, sino más bien al estilo europeo, con
beneficios para los trabajadores, las familias y los desempleados.
Hasta aquí las clases de Gunn Clissold, que García Iturbe recicla para
dejarnos clarito que el castrismo tardío conoce bien el paño y sabrá
cómo arreglárselas, a no ser que pase algo que lo borre de pronto: el
paro nacional de Antúnez, el plebiscito de Rosa María Payá, la asamblea
constituyente de Cuesta Morúa, otro diario digital de Yoani, otra novela
de Fariñas u otro golpe de Estado poético de Tania la Verdadera.
Lección del embargo
Al enrumbar políticamente Obama por el camino que académicamente
vislumbró Gunn Clissold, los líderes opositores en Cuba tomaron partido
a favor o en contra, sin acabar de aprehender la única moraleja que les
atañe: si el embargo —como mecanismo de presión y ficha para negociar de
la mayor potencia global— no ha logrado por más de medio siglo que la
élite gobernante ceda ni un tantico así en el poder, ¿qué sentido tiene
pedirle desde abajo, sin mecanismo efectivo de presión ni ficha alguna
para dar a cambio en ninguna negociación, leyes y más leyes, diálogos y
más diálogos, que siempre entrañan concesiones del poder?
Ningún sentido. El culillo de la oposición pacífica por ilustrar al
gobierno y al pueblo —desde el Proyecto hasta el Foro por los
Derechos y Libertades— corre la misma suerte del alarde de la oposición
cívica, desde el Proyecto Emilia de Biscet a la carta abierta de Antúnez
a Raúl Castro. Son pamplinas, por mucho coraje que se derroche y mucha
represión que se arrostre.
El único mecanismo de presión y la única ficha para negociar de toda
oposición pacífica o cívica es el apoyo popular masivo, que solo puede
manifestarse en las urnas o en las calles. Toca a los líderes de la
oposición encontrar la vía, a sabiendas de que jamás se dará con ella en
virtud de premios o invitaciones del exterior ni reuniones dentro con
funcionarios extranjeros.
El castrismo había cumplido ya su tercera década en el poder cuando se
apretaron las clavijas del embargo con las leyes Torricelli (1992) y
Helms-Burton (1996) tras la desunión post-soviética. Ni llegó nuestro
día ni sonó la hora final de Castro. Sin él ni su hermano como jefe de
Estado y Gobierno, el castrismo se apresta a cumplir tres décadas más en
2019. Si la oposición pacífica y/o cívica no transita a ganar
partidarios para dar guerra en las urnas, el castrismo continuará
perpetuándose por entre sucesivas metamorfosis.

Source: Tiempo de transiciones – Artículos – Opinión – Cuba Encuentro –
http://www.cubaencuentro.com/opinion/articulos/tiempo-de-transiciones-321696

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