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Una democracia donde el Comandante en Jefe sea el pueblo

Una democracia donde el Comandante en Jefe sea el pueblo
PEDRO CAMPOS | La Habana | 12 Oct 2015 – 12:37 pm.

Es falso que se trate de escoger entre el pasado oprobioso de los 50 y
el presente, sino de proyectar entre todos una nueva Cuba.

Hay un consenso bastante amplio en la sociedad cubana sobre la necesidad
de avanzar en un proceso de democratización, solo que todavía no hemos
sido capaces de intercambiar, de negociar cuál democracia.

Comisiones del Gobierno-Partido-Estado trabajan en secreto sobre
proyectos de nueva constitución y ley electoral, lo que evidencia que
allí mismo parecen haber entendido que algo tendrán que hacer en este
sentido. Grave error sería dejar la profundidad de las propuestas para
esos proyectos solamente a grupos escogidos y olvidarse de que es asunto
que compete a todos los cubanos sin exclusiones, que todos debemos
discutir horizontalmente y votar en un referendo.

Los que conocemos el “paño” pudiéramos pensar que si bien Raúl podría
cumplir su promesa de dejar la presidencia en 2018, nada ha dicho sobre
su cargo en el PCC. De no cambiarse el Artículo 5 de la Constitución,
que establece la dirección del PCC sobre la sociedad, y de seguir siendo
él el Primer Secretario del PCC, pues la verdad que no importa mucho a
quien se elija o designe , ni la forma en que se haga, porque
él seguiría detrás del trono y el Gobierno tendría que ser un simple
ejecutor de las decisiones del PCC y sus líderes.

No olvidar que en , después de Mao Tse Tung, la dirección verdadera
del Gobierno y del Partido se hacía desde la Comisión Militar Central
del PCCH, que dirigió durante varios años Deng Xiaoping, artífice de las
reformas que llevaron a China del capitalismo monopolista de Estado,
creído socialismo, al predominio del capitalismo privado, ahora en
ampliación por la crisis en que ha caído la economía de ese país.

De manera que el problema no es solo hacer elecciones y votar por
alguien que nos pongan en la boleta. Se precisa de un proceso de
democratización. Al respecto un llamamiento para fortalecer la
Izquierda democrática ha propuesto en su primero de cinco puntos:

“Creación de un ambiente de distensión y concordia que lleve al
establecimiento de un Diálogo Nacional inclusivo, al reconocimiento de
las libertades fundamentales; a una nueva Constitución fruto de la
creación y discusión colectivas y horizontal del pueblo cubano, aprobada
luego en referendo; a una nueva ley electoral democrática, y al
establecimiento de un Estado moderno de derecho con plena transparencia
funcional e informativa, bajo control popular, con autonomías
municipales, presupuestos participativos en los diferentes niveles y el
sometimiento a referendo de las leyes que afecten a todos los
ciudadanos. En fin la República Democrática humanista y solidaria, con
plena justicia social, donde rijan integralmente los principios
consagrados en la Declaración Universal de y en la que
quepamos todos”.

Desde sectores de la oposición tradicional, desde el mundo oficial
jurídico y desde la propia izquierda democrática se ha expuesto un
pensamiento nacional constitucionalista democrático, con propuestas
concretas, que no ha podido cuajar en un esfuerzo nacional mancomunado
hasta ahora debido al sectarismo y la exclusión que caracteriza la
filosofía del Partido-Estado-Gobierno.

Las sugerencias van desde la eliminación del punto 5 de la Constitución,
pasando por reformar la Constitución hasta un nuevo texto
constitucional, la restitución de los poderes independientes (ejecutivo,
legislativo y judicial), el pluripartidismo, la plena de
expresión y asociación, la alternancia en los poderes, la limitación a
un solo período de mandato, la elección por el voto directo y secreto
de todos los cubanos de todos los cargos públicos importantes a todos
los niveles, los presupuestos participativos y la municipalización de
los poderes, los referendos para todas las leyes que afectan a todos y
la transparencia informativa sobre el funcionamiento y las finanzas del
país a todos los niveles, bajo estricto control popular.

Pretender vincular el avance en esa dirección democrática a los
problemas pendientes del bloqueo-, es un error político
estratégico, que solo puede servir para que continúe el estancamiento.
Es una idea neoplattista como quiera que se la mire. Y esto va para
los dos extremos.

Y es que los asuntos internos de Cuba no pueden hacerse depender de la
política de una potencia extranjera. Cuba es un problema de los cubanos,
todos, y somos nosotros los que tenemos que resolver esos problemas y
hacer lo necesario para concertar los intereses y opiniones de una masa
crítica capaz de trabajar por ese cambio democrático por vías afines.

Los cubanos que tienen alguna influencia en el Congreso de EEUU, podrían
usarla para hacer avanzar el proceso de democratización en Cuba, si
dejaran de establecer ese vínculo y con ello podrían mejorar la visión
que de ellos se tiene en muchas partes del pueblo cubano influido por la
propaganda sobre “la Loba Feroz, la mafia de Miami y el exilio plagado
de terroristas”.

Los actuales gobernantes saben que Cuba necesita ese tipo de proceso,
pero temen que se les vaya de las manos y con él, el poder absoluto que
han detentado por más de medio siglo. Es lo mismo que explica el paso
lento y controlado de las reformas económicas. Pero argumentan que hay
que tener cuidado en que ese proceso no nos conduzca a la Cuba oprobiosa
de los 50 bajo la absurda amenaza de que vendrán a arrebatar a los
cubanos las propiedades que actualmente disfrutan y que pertenecieron a
quienes las dejaron atrás o les fueron incautadas, y que los
“comunistas” serán arrastrados como perros por las calles.

Desgraciadamente, todavía ese lenguaje es usado por personas al otro
lado del charco, donde algunos no han sido todo lo amplio y preciso en
relación con estos temas, dando “razones” a algunos de acá para divulgarlas.

Pero es falso que se trate hoy de escoger entre aquel pasado y este
presente, sino de proyectar entre todos una nueva Cuba donde las
libertades y los derechos civiles y democráticos no permitan que las
elites, ningún tipo de ellas, no importa cómo se autodenominen, puedan
llegar a controlar el poder en función de sus estrechos intereses.

Por tanto, lo que necesitamos como sociedad es algo superior a la
sociedad actual y a la de antes del 59, capaz de articular las distintas
formas de producción que demanda la realidad y la etapa histórica que
estamos viviendo, donde la justicia social y la solidaridad; el respeto
a todos los derechos ciudadanos; el poder real de los trabajadores y el
pueblo expresado en propiedades individuales o colectivas, pequeñas,
medianas y grande, y en su participación directa en todas las decisiones
que les atañen, sea lo que armonice el desarrollo social y no las
confrontaciones ni las luchas por el poder, que deberá residir
plenamente en el pueblo.

Una Cuba reconciliada, democrática y en armonía no implica la
eliminación de las diferencias políticas y de otros tipos, sino la plena
posibilidad de su manifestación, pero a partir de su encuentro y no de
la confrontación y la solución de sus contradicciones por la vía del
diálogo y la negociación, sin imposiciones ni arbitrariedades de un
poder hegemónico, porque el poder no estaría en manos de unos pocos
poderosos, sino repartido en el pueblo.

Ante todo, habrá que repetir que la mejor democracia no sería la que
quiera este o aquel grupo, la que a alguien le parezca más efectiva, la
mejor, sino la que el pueblo desee y apruebe expresada en una
Constitución propuesta por una Asamblea Constituyente, luego de una
amplia discusión horizontal, libre y democrática, que sea aprobada en
referendo.

En fin, una democracia donde los electos para cargos públicos sean
servidores y no servidos, y en la que el Comandante en Jefe sea el pueblo.

Source: Una democracia donde el Comandante en Jefe sea el pueblo |
Diario de Cuba – www.diariodecuba.com/cuba/1444399125_17408.html

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