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Un recuerdo obsceno de la embajada cubana en París

Un recuerdo obsceno de la embajada cubana en París
A los activistas pro y en especial a los de Reporteros
Sin Fronteras, la reciente visita oficial de Raúl Castro a París debe
haberles sonado, como mínimo, a desprecio total.
Jorge Ignacio Pérez
febrero 09, 2016

En abril de 2003 se dio un hecho bochornoso en la puerta de la embajada
cubana en París. Un grupo de activistas de Reporteros Sin Fronteras,
junto a otro de cubanos opositores al castrismo, se manifestaron
pacíficamente en la legación diplomática para hacer una llamada de
atención al mundo por el encarcelamiento de 75 comunicadores cubanos de
la oposición.

La tristemente célebre Primavera Negra –juicios sumarios y prisión para
los opositores- movilizó a organizaciones internacionales sin ánimos de
lucro como Reporteros Sin Fronteras (RSF), con sede en la capital
francesa. Algunos de sus miembros, vestidos de blanco, se encadenaron a
la verja de la embajada cubana y, para sorpresa de todos, salieron los
“diplomáticos” de la isla mandarria en mano.

La trifulca fue bochornosa, obscena. Lo más triste de todo –episodios
similares sobran como ejemplos- fue que la policía local ni siquiera
apareció por allí, al menos hasta que no quedó disuelta la pelea a
puñetazos protagonizada por unos bárbaros representantes del gobierno
cubano, gente entrenada para aniquilar a cualquiera que les reproche
algo, incluso en las calles de otros países.

Son agentes con formación militar, eso se sabe, y en aquella ocasión un
documentalista cubano, Ricardo Vega, logró filmarlos de cerca. Pero no
pasó nada. Aquellos energúmenos continúan representando a nuestro país
en otras sedes diplomáticas o, de regreso a “casa”, reprimiendo al
pueblo en las manifestaciones de la oposición interna.

A la vuelta del tiempo -13 años han pasado- el episodio se alberga en
algún rincón de Youtube como prueba testimonial de que los agentes de la
dictadura castrista campean a sus anchas en diversos escenarios, y no
pierden el hábito –tal vez la misión- de enarbolar el autoritarismo
presentado en los mismos orígenes de aquella “revolución”.

Después de que el François Hollande se plantara en Cuba en
mayo del año pasado y visitara al anciano Castro en su de La
Habana, no cabían dudas de que el hermano Raúl devolvería la visita en
breve, con honores de Estado.

En la llamada Era Moderna, por lo general, nada ha hecho que los
intereses económicos de los países se subordinen a las políticas de
Estado. Nada hizo posible que el matrimonio Mitterrand no se convirtiera
en aliado de (pasando por encima de los Derechos Humanos);
nada ha sido suficiente para que el presidente argentino Raúl Alfonsín
no negociara con el ; que Felipe González, ahora antichavista,
no enviara etarras a La Habana a cambio de réditos políticos y
económicos; nada bloqueó la amistad de García Márquez con Fidel Castro.

Entonces, ¿por qué iba Hollande a ser menos, si con la nueva Cuba que se
perfila a partir del deshielo -Cuba, la isla se abre a un
mercado potencialmente interesante, sabroso, lleno de oportunidades para
inversionistas privilegiados?

Las cosas no son tan simples y tan bellas como sí lo es organizar una
cena gourmet en el mismísimo Elíseo, e invitar a toda una pléyade de
artistas, a pesar de todo animados con esa “revolución” patética del
Caribe. Las cosas son mucho más complejas de lo que a veces imaginamos.
Lo que sí está claro es que los políticos, como cualquier ser humano,
suelen ser egoístas. Y oportunistas, claro.

Pero no dejan de doler esas ceremonias protocolares al más alto nivel,
cuando en el pasado –no muy lejano- la misma dictadura que reprime y
expulsa a su pueblo a la aventura del mundo exterior ha violado el
principal derecho que es la de expresión. Eso a un presidente
francés le debería importar, aunque sea en la más absoluta intimidad de
su cuarto de baño.

A los activistas pro Derechos Humanos y en especial a los de Reporteros
Sin Fronteras, la reciente visita oficial de Raúl Castro a París debe
haberles sonado a desprecio total, como mínimo. Pero la alta política es
así de mezquina. ¡Qué le vamos a hacer!

Source: Un recuerdo obsceno de la embajada cubana en París –
www.martinoticias.com/content/un-recuerdo-obsceno-de-la-embajada-cubana-paris/114964.html

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