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Alcanzar el sueño habanero

Alcanzar el sueño habanero
Los cubanos sortean como pueden las regulaciones migratorias internas
que les complican quedarse a vivir en la capital
YOSMANY MAYETA LABRADA, La Habana | Marzo 02, 2016

La Habana no fue para Héctor ese paraíso que le habían contado. “Desde
mi llegada, ha sido difícil pagar un alquiler, buscar alimentos y estar
rentado”, cuenta el joven, que confiesa haber tenido que prostituirse
para costear su estancia en la ciudad. Ahora se muestra optimista e
ilusionado porque ha conocido a una muchacha que vive en el municipio
Marianao y por fin tendrá dirección de la capital. Su gran ilusión es no
tener que esconderse “cuando pase cerca del cine Payret y estén haciendo
recogidas”.

La capital cubana es la ciudad que ofrece mejores oportunidades
laborales, mayor oferta comercial, gastronómica, recreativa y cultural,
razones de sobra para convertirla en la principal meta de la migración
interna. “Como quiera que sea, La Habana está más cerca del extranjero”,
ironizaba un joven santiaguero.

En el último Censo de Población y , realizado en 2012, se
evidenció que un 11,2% de la población cubana está integrado por
migrantes internos y casi la mitad de ellos está radicada en La Habana y
proviene fundamentalmente de las provincias de Holguín, Granma, Santiago
de Cuba y Guantánamo.

Con 2,1 millones de habitantes según ese mismo censo, La Habana es la
ciudad más poblada del país, quintuplicando casi el número de residentes
de la segunda, Santiago de Cuba, con aproximadamente 440.000. La
superpoblación de la capital estuvo en la base de la razón esgrimida por
el Gobierno cubano para restringir la movilidad de la población en 1997
con la entrada en vigor del Decreto nº 217 que contenía las regulaciones
migratorias internas para La Habana. La grave situación habitacional,
las dificultades para encontrar empleo, el mal estado del
público o la incapacidad de las redes de abasto de , electricidad y
gas, justificaban para las autoridades el control del continuo
crecimiento de la ciudad.

Para residir legalmente en la urbe es necesario cumplimentar numerosos
trámites. El primer paso consiste en conseguir un permiso provisional
conocido popularmente como “la transitoria”. Para lograrlo, el visitante
tiene que acudir en compañía de algún residente en La Habana que sea
titular de una propiedad a las oficinas del Registro de Población y
Carné de Identidad para inscribirse por un término máximo de seis meses.
No es posible repetir este trámite de forma consecutiva, dejando en la
indefensión legal a su portador una vez vencido el plazo.

Ese medio año es el tiempo con que se cuenta para alcanzar la meta de
realizar un cambio de dirección definitivo. Solo así se obtiene un carné
de identidad nuevo con la dirección de la capital para mostrar cuando un
policía se lo exija por cualquier motivo, algo que ocurre con mucha
frecuencia cuando se trata de un joven, negro o mestizo. Los uniformados
que patrullan las zonas más céntricas de la ciudad controlan
especialmente a quienes poseen ciertos rasgos físicos o formas de hablar
que levanten la sospecha de que es “un palestino”, término despectivo
para aludir a quienes provienen de las provincias orientales.

El anhelado cambio de dirección, sin , no está al alcance de
todos. Es el caso de Yudián Gómez, holguinero que lleva más de ocho años
intentándolo. “Nunca he podido tener la dirección de La Habana”,
explica. “En mi primer año solo logré ‘la transitoria’ por seis meses y
para eso pagué 30 CUC a una señora de La Lisa”, que lo inscribió en su
vivienda.

De esa manera, Gómez encontró empleo como custodio en una institución
estatal, pero desde entonces se ha mantenido trabajando como albañil sin
licencia. “He olvidado ya que soy aquí”, dice, aunque cuando pasa
cerca de la policía el corazón se le pone “en la garganta”.

Otros han tenido peor suerte y han sido deportados a su lugar de origen.
Fernando Leyva, de 27 años, ha sido regresado varias veces a Guantánamo
por no tener una dirección en cualquier municipio de la capital. El
procedimiento incluye el encarcelamiento por tres o cuatro días y luego
un custodiado y con las ventanillas enrejadas. “Ahora tengo una
carta de advertencia”, asegura.

La mayoría de los consultados refiere escapar de la mala situación
económica que se agudiza en el interior del país. Para el periódico
oficial Granma el flujo interno de personas es “una de las variables
demográficas que explica las desigualdades territoriales del crecimiento
de la población” del país, una situación que agrava otros problemas como
la baja natalidad, la falta de reemplazo poblacional y el envejecimiento.

Una especialista de la Dirección Municipal de Planificación Física que
prefirió mantenerse en el anonimato sostiene que “Centro Habana es uno
de los municipios que más aloja personas de todo el país”. La
funcionaria asegura que a las oficinas de trámites “llega mucha gente
para aumentar su núcleo familiar”, fundamentalmente con personas del
“centro y oriente de la Isla”.

La flexibilidad de la legislación matrimonial ha favorecido que las
bodas por conveniencia sean la vía más fácil y rápida de hacerse con el
permiso de residencia, un mercado ilegal de lo más productivo. “El año
pasado me casé tres veces, y así pude hacer unos arreglos en la casa”,
asegura Elena, una enfermera de 56 años que tuvo que jubilarse por
motivos de y ha vivido, en los últimos tiempos, del negocio de
casarse con migrantes ilegales.

Para legalizarse por esta vía de forma irregular pero definitiva, los
precios cambian en función del municipio. Un matrimonio de conveniencia
en , Plaza de la Revolución, Centro Habana y Habana Vieja puede
llegar costar entre 100 y 120 CUC. El costo es más llevadero en 10 de
Octubre, San Miguel del Padrón, Arroyo Naranjo, Boyeros, Marianao y La
Lisa, donde la cuantía oscila entre 80 y 100 CUC, con variaciones según
los repartos. Para obtener la “transitoria” los precios están entre 20 y
40 CUC.

El sueño habanero se ha hecho así realidad para Jorge Mendoza. Lleva
tres años en la capital “con todos los papeles en regla” desde que
conoció a una mujer que le legalizó los documentos. “En tan solo una
semana estaba casado con ella y en menos de un mes tenía mi nuevo carné
de identidad”, cuenta. Le bastaron cuatro meses de su salario como
cuentapropista, 120 CUC, y ahora trabaja tranquilo en una feria de venta
de artesanía. “Ya no me asusto cuando el inspector se presenta a pedirme
documentación”, concluye con una sonrisa de triunfador.

Source: Alcanzar el sueño habanero –
www.14ymedio.com/reportajes/Alcanzar-sueno-habanero_0_1954604521.html

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