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De la Primavera Negra a los acuerdos de paz en Colombia, ¿cuánto ha cambiado Cuba?

De la Primavera Negra a los acuerdos de paz en Colombia, ¿cuánto ha
cambiado Cuba?
Las percepciones son engañosas. Alfombra roja para el Barack
Obama, megaconcierto de los Rollings Stone, un acuerdo con la y la
inminente firma de un compromiso entre las FARC y el Gobierno colombiano.
Iván García Quintero
marzo 14, 2016

Cerca de las doce de la noche del martes
18 de marzo de 2003 iba camino a mi apartamento en el barrio de La
Víbora cuando, desde el balcón, unas señas incomprensibles de mi madre
encienden las alarmas.

Fueron años duros. Mi madre y yo escribíamos notas para la agencia de
prensa independiente Cuba Press, prohibida por el régimen, que dirigía
el poeta y periodista Raúl Rivero. Éramos detenidos, intimidados o
advertidos por cowboys de la Seguridad del Estado con demasiada insistencia.

, meticulosamente, había preparado su escena del “crimen”.

Desde febrero de 1996, cuando aviones Migs derribaron a cuatro avionetas
civiles de , y con la vuelta de tuerca al por
parte de la Administración de Bill Clinton, el caudillo verde olivo
desató sus furias en la oposición pacífica.

En 1999, el obediente y monocorde parlamento nacional había aprobado la
Ley 88, una plataforma legal que permitía al Gobierno encarcelar con
penas de hasta 30 años a disidentes, activistas de y
periodistas libres.

Los actos de repudio en nuestros domicilios eran frecuentes. Se vivía un
clima de miedo. Pero seguíamos redactando historias de la otra Cuba, ésa
que nunca aparecía reflejada en la prensa oficial.

Aquella noche, mi madre me cuenta que había ido a entregarle unos
trabajos a Raúl Rivero en su casa, en Centro Habana y que, nada más
llegar, Raúl le dice que la Seguridad estaba registrando en las
viviendas de Ricardo González Alfonso y Jorge Olivera y que, una vez
terminados los registros, se los llevarían detenidos.

“Me dijo que regresara enseguida y te avisara, porque en cualquier
momento nos vendrían a buscar a los dos”.

Dos días después, el jueves 20 de marzo, Blanca, la esposa de Raúl, nos
comunica que alrededor de las cinco de la tarde lo habían detenido. “El
operativo fue tremendo. Cámaras de televisión, varios autos y decenas de
policías, como si fuese un terrorista. Pero cuando los vecinos se
enteraron salieron a la calle y varios gritaron”, nos dijo.

En las siguientes horas y en días posteriores conocimos de otras
detenciones de colegas en la capital y provincias. Sus armas, máquinas
de escribir. Su delito, soñar con la democracia en Cuba.

Yo andaba con un cepillo de dientes y una cuchara en la mochila. El
ambiente era opresivo. Se sucedían los secuestros de aviones comerciales
y embarcaciones. En un juicio sumario, Fidel Castro ordenó fusilar a
tres jóvenes negros que habían secuestrado una vieja lancha de pasajeros.

Fue una ejecución de Estado.

El análisis del régimen, aprovechando el inicio de la guerra de Irak,
era que la razia pasaría inadvertida. No fue así. Presidentes,
intelectuales y medios internacionales resaltaron la ola represiva. En
las peticiones fiscales se solicitaba la pena de muerte a siete opositores.

Años después, Raúl Castro, elegido a dedo presidente por Fidel,
presionado por la muerte tras una huelga de hambre del Orlando
Tamayo y las marchas de las exigiendo
para sus esposos, padres e hijos, inició negociaciones para liberar a
los opositores conformando una troika con la Iglesia Católica y el
canciller español Miguel Ángel Moratinos.

La autocracia militar emprendió tibias reformas económicas,
imprescindibles para mantenerse en el poder. Se cambiaron los muebles de
lugar, pero se mantuvo el decorado. No fue una apuesta por la economía
de mercado o la democracia. No. Era una jugada de supervivencia.

Legalizaron normas absurdas de corte feudal que impedían a los cubanos
acceder a la telefonía móvil, alojarse en hoteles, comprar un auto o
vender su casa. Pero, estructuralmente, se mantuvo –y se mantiene–, la
esencia del régimen.

Trece años después, en la primavera de 2016, usted puede hablar lo que
le venga en ganas. Pero no puede crear un partido político, asociación
independiente o un periódico impreso.

En el sector económico la apertura es limitada. No existe un marco
jurídico coherente para los emprendedores privados, que sin un mercado
mayorista donde comprar sus materias primas e insumos tienen que optar
por trampas, corruptelas y doble contabilidad.

El Estado sigue clasificando como un presunto delincuente a los
trabajadores por cuenta propia.

En los lineamientos económicos del régimen, su biblia sagrada, se
advierte que el Gobierno no consentirá la concentración de capitales en
manos de particulares. En la nueva ley de inversiones no se permite
invertir a los cuentapropistas.

¿Cuáles han sido los cambios de la autocracia cubana?

Las grandes transformaciones llegaron en política exterior. Las líneas
maestras de la diplomacia criolla han sufrido un giro de 180 grados
durante el mandato de Raúl Castro.

De adiestrar a grupos guerrilleros o terroristas en la isla, a
negociaciones para insertarse en mecanismos financieros mundiales; un
nuevo trato con y la UE; mediar entre la iglesia católica
y ortodoxa, y ser un actor importante para lograr un acuerdo de paz en
Colombia, permitió al régimen de La Habana conformar un expediente
conciliador.

Parafraseando al papa Juan Pablo II, Cuba se ha abierto al mundo, pero
no a los cubanos. En el plano interno sigue la resistencia de la añeja
gerontocracia con sus conceptos anacrónicos de control social, ausencia
de libertades políticas y coacción a la libertad de expresión.

En lo económico, las reformas son importantes para el contexto cubano,
pero limitadas e insuficientes. Cuando Raúl Castro se mira al espejo no
se ve como Jaruzelski, el mandatario polaco que abrió la talanquera a la
democracia. Le gustaría que lo recordaran como el hombre que perpetuó la
“obra revolucionaria de su hermano Fidel”.

Es impredecible pronosticar cómo será el futuro de Cuba. Abrir la caja
de Pandora en sociedades cerradas siempre es un juego peligroso. Y, de
presunto redentor, se puede pasar a probable sepulturero.

Las percepciones son engañosas. Alfombra roja para el presidente Barack
Obama, megaconcierto de los Rollings Stone, un acuerdo con la UE y la
inminente firma de un compromiso entre las FARC y el Gobierno colombiano
para poner fin al último conflicto armado del continente.

Pero continúa la represión a los disidentes de barricada y las
detenciones selectivas. También los bajos salarios, alto costo de la
vida y un futuro entre signos de interrogación. Por eso, muchos cubanos
optan por emigrar.

Source: De la Primavera Negra a los acuerdos de paz en Colombia, ¿cuánto
ha cambiado Cuba? –
www.martinoticias.com/content/primavera-negra-acuerdos-paz-colombia-cambios-cuba/117287.html

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