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Memoria de un plebeyo

Memoria de un plebeyo
Es de esperar que la parafernalia gubernamental supere con creces el
espectáculo que se ofreció cuando el cacique mayor de la URSS, Leonid I.
Brejnev, viajó a Cuba, 1974.
Pedro Corzo
marzo 16, 2016

Los que han vivido en Cuba por años, los que han padecido la realidad de
la isla, conocen perfectamente la habilidad de la dictadura para
manipular las visitas de personalidades internacionales, en particular
las de un jefe de Estado, y presentar esos acontecimientos como el
resultado exitoso de su gestión de gobierno.

Se organizan marchas y desfiles, todo un espectáculo. Los trabajadores
son conducidos en los transportes de las empresas en las que laboran
hasta el lugar por donde pasara el ilustre visitante, allí hay que
vitorear hasta perder la voz, después, quizás, haya cerveza y algo que
comer, eso sí, los que no son afectos al régimen, pueden ser detenidos
hasta que el agasajado se marche.

Presentes en la memoria individual y colectiva deben de estar las
visitas de los líderes de los países del bloque socialista, espectáculo
que se repite en diferentes escalas, cuando una figura internacional,
religiosa o secular, viaja a la isla en la actualidad.

El gobierno ha intentado por décadas convencer a sus vasallos- en la
isla no hay ciudadanos- que Cuba es poco menos que el paraíso en la
tierra, condición, según sus informativos, que motiva a dirigentes de
diferentes instancias y entidades, viajar a la isla para ver y aprender
del edén tropical, una fantasía oficial que ha afectado seriamente la
percepción de la realidad de un número importantes de cubanos que tienen
la errada convicción de que la Isla es poco menos que el ombligo del
mundo, pero este es tema de otra columna.

En base a lo anterior se puede estimar que ocurrirá en Cuba cuando el
Barack Obama arribe a la isla, independientemente de lo que
se haya propuesto y pueda hacer, el mandatario durante su estancia.

Es de esperar que la parafernalia gubernamental supere con creces el
espectáculo que se ofreció cuando el cacique mayor de la URSS, Leonid I.
Brejnev, viajó a Cuba, 1974, a fin de cuentas, el mandatario
estadounidense representa a la nación que la propaganda gubernamental
presentó por décadas, como el enemigo más encarnizado de la revolución.

La propaganda triunfalista será masiva, abarcadora, tóxica. El propósito
será confundir y manipular a la mayoría de la población con el objetivo
de seguir trasmitiendo la versión que el castrismo es invencible, que el
histórico enemigo fue vencido, y viajó a La Habana para reconocer su
derrota.

Por supuesto que habrá quienes crean ese “cuento chino”. No recordarán
que fueron educados en el resentimiento hacia , que en
Cuba, ahora que se publicó en la isla “1984”, las sesiones de odio
contra ese país duraban 24 horas y no sólo los 15 minutos de la obra de
George Orwell.

Los desmemoriados por oportunismo o convicción, habrán olvidado las
décadas de manifestaciones contra el Tío Sam. El país abarrotado de
letreros “Cuba sí, Yanquis no”, mientras eran hundidos en la miseria,
entre otras pesadillas, construyendo millares de kilómetros de túneles
para resistir una agresión militar que solo estaba en la calenturienta
imaginación del Faraón, hoy refugiado en una butaca beige, como dice la
periodista Margarita Rojo.

No obstante habrán quienes reconocerán que la dictadura dinástica se
está agarrando de un clavo ardiente con la esperanza de sobrevivir, sin
hacer concesiones que alteren su naturaleza, cosa que ha logrado hasta
el presente, lo que motiva que muchas personas, incluidos no cubanos,
resientan el restablecimiento de relaciones entre Washington y La
Habana, en particular una visita presidencial, mientras el régimen sigue
tratando a los gobernados como tributarios de señor feudal.

Las condiciones políticas y económicas imperantes en Cuba son las peores
del hemisferio. La falta de esperanzas en una vida mejor, se constata
con el creciente flujo de emigrantes. El individuo aprecia que no tiene
pan ni .

La dictadura se sostiene sobre la represión y una constitución que
excluye y criminaliza a quienes se le oponen, la dignidad de todos los
ciudadanos, incluidos los que respaldan el gobierno, ha sido mancillada
de forma sistemática y permanente por 57 años.

Salir del régimen que subyuga a Cuba es exclusivo deber de sus hijos,
pero también es válido pedir a la comunidad internacional,
particularmente a Estados Unidos, que no oxigene a un régimen que
asfixia a sus gobernados.

Source: Memoria de un plebeyo –
www.martinoticias.com/content/memoria-de-un-plebeyo/117405.html

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