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Mitos y hechos en las relaciones Cuba-Estados Unidos

Mitos y hechos en las relaciones Cuba-
REGINA COYULA, La Habana | Marzo 05, 2016

El análisis de las relaciones entre Cuba y Estados Unidos durante casi
sesenta años de gobierno de partido único por un lado, y de 11
presidentes en alternancia bipartidista por el otro, es un imán para
politólogos e historiadores de diversas latitudes, pero con especial
énfasis por razones obvias, de los cubanos y norteamericanos. La semana
pasada, apareció un texto en Cubadebate cuyo objetivo es desmontar mitos
alrededor de estas conflictivas relaciones.

Desde la introducción, el autor, el académico Elier Ramírez Cañedo,
anuncia que, a pesar del muy estudiado paréntesis histórico, subyacen
ideas equivocadas (mitos) sobre la actuación de las partes, para
inmediatamente advertir de que “la tergiversación histórica es una forma
de ataque contra el proyecto cubano, dentro de una estrategia más amplia
de guerra cultural contra el socialismo en Cuba”.

A pesar del subrayado de la cita, no pretendo enfocarme ni en la
advertida guerra cultural ni mucho menos en el socialismo cubano.
Pretenderé poner a un lado la cercanía emocional e histórica con los
hechos para discrepar de los argumentos del autor.

Antes de entrar en el análisis de la desmitificación, no puedo pasar por
alto un enunciado que no por firme es cierto: “Estados Unidos bloqueó
toda posibilidad de existencia de una burguesía nacional en Cuba”. La
cercanía geográfica favorece que con presencia creciente desde la etapa
colonial y sobre todo aprovechando la crisis económica de la segunda
década del siglo pasado, el capital norteamericano se consolide con
buena parte de la economía en Cuba, que había sido hasta ese momento
esencialmente española. Pero Estados Unidos no solo fracasó en su empeño
de bloquear la existencia de una burguesía nativa, sino que esa misma
burguesía para 1959 poseía la mayor parte de la riqueza nacional,
incluyendo la banca.

Por otra parte, afirma el texto introductorio: “El Gobierno
norteamericano hizo todo lo posible por evitar que un gobierno de corte
nacionalista burgués liderado por el partido ortodoxo se hiciera de las
riendas del país”. En realidad, no tuvo que hacer nada por evitarlo,
pues lo que dio al traste con el futuro de este partido y de paso con el
futuro constitucional del país, no fue una maniobra de la CIA; ni
siquiera una maniobra de Batista, sino el disparo mal calculado de
Eduardo Chibás, el muy probable republicano para las
elecciones de 1952.

El Mito 1: “La raíz del conflicto estuvo en la alianza de la Revolución
con la Unión Soviética, pues la administración Eisenhower estaba
dispuesta a entenderse con un proyecto nacionalista democrático en Cuba”.

Pretender el análisis del conflicto derivado del triunfo revolucionario
de 1959 como una consecuencia del deseo inconfeso o manifiesto de
Estados Unidos de apoderarse de Cuba desde fines del siglo XVIII
responde a una visión que pasa toda su óptica por el tamiz de un muy
puntilloso antimperialismo. Con el difícil acceso a textos de pensadores
filosóficos, históricos y políticos con una aproximación más ecuménica,
el lector cubano tiene una perspectiva maniquea de las relaciones
bilaterales con Estados Unidos, nacidas de la insatisfacción
norteamericana al no poder decidir el destino de Cuba.

La soberanía nacional es un pilar de este enfoque, remitiendo los
ejemplos a la época de procónsules e invasiones. Pero ese pilar se
socavó en los últimos 60 años y no precisamente por injerencia del
vecino del norte. Ningún analista de los que quirúrgicamente desmenuzan
las intenciones y el alcance de la influencia norteamericana se ha
interesado en hacer lo mismo con la influencia soviética, al parecer,
una tarea para la historiografía futura, máxime cuando vivimos una
especie de segunda temporada con Rusia y el putinismo.

En el contexto de la Guerra Fría, el Gobierno norteamericano tendría que
haber sido muy ingenuo si no hubiera observado con creciente
preocupación cómo se desarrollaban los acontecimientos apenas 90 millas
al sur. De los discursos conciliadores y humanistas de 1959, el lenguaje
del líder y voz de la Revolución fue modificando el tono. Pero no solo
los discursos se volvieron más agresivos y antiyankis. A las
nacionalizaciones agrarias sin compensación de 1959, se sumó en el otoño
del mismo año el viaje a La Habana del embajador soviético en México que
venía con dos encomiendas principales: el restablecimiento de las
relaciones diplomáticas y la visita de Anastas Mikoyán, primer
vicepresidente de la URSS y mano derecha de Jruschov, viaje que se
consuma en febrero de 1960 y en un hecho insólito duraría nueve días. De
ese viaje se derivaron convenios por más de 100 millones de dólares. No
era gratuita la preocupación norteamericana, los términos del convenio
por el cual Cuba le vendería a la URSS 300.000 toneladas métricas de
azúcar eran llamativamente ventajosos -más de los del convenio azucarero
con Estados Unidos anterior a 1959-.

Sería interesante constatar -si los documentos soviéticos estuvieran
desclasificados- cómo la Operación Mangosta a cargo de la CIA y el
Departamento de Estado encuentra su contrapartida en el KGB y el
Kremlin. Cómo se elaboraron planes para aumentar la influencia en
nuestro país por medio de programas de colaboración, asistencia técnica,
intercambio comercial y cultural como primer paso para luego armar y
entrenar un ejército regular y organismos de Inteligencia, punta de
lanza frente a su adversario, lo que confería a Cuba altísima prioridad
en la política exterior de la URSS. Cada potencia según sus intereses.

Estos nuevos mejores amigos no podían ser vistos con indiferencia. De
hecho, esa relación se considera precursora de la influencia soviética
en el llamado hemisferio occidental. Sin , el análisis de los
historiadores cubanos debería también enfocarse hacia cómo se perdió la
oportunidad de lograr como nación y república una verdadera
independencia y soberanía por primera vez; no existen registros de que
el Gobierno revolucionario buscara alternativas en el ámbito
latinoamericano, pongamos por caso, para establecer relaciones
políticas, comerciales y financieras que le permitieran evitar el
epicentro del conflicto bipolar. (Continuará)

Source: Mitos y hechos en las relaciones Cuba-Estados Unidos –
www.14ymedio.com/opinion/Mitos-hechos-relaciones-Cuba-Estados-Unidos_0_1955804418.html

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