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Anticastrismo y contra-inteligencia

Anticastrismo y contra-inteligencia
Sin conocer bien al enemigo jamás se podrá enfrentarlo con éxito
Arnaldo M. Fernández, Broward | 13/04/2016 8:30 am

Siempre es bueno saber de qué se está hablando (…)
porque hay cosas que no sabemos que no sabemos
Jürgen Habermas y Donald Rumsfeld
Hay algo peor que servir al castrismo con ignorancia: enfrentarlo con
ella. Esta contra-inteligencia viene rebajando el anticastrismo incluso
hasta el nivel del analfabetismo funcional, como ilustran ejemplarmente
las justificaciones que se dan a la manía opositora de pedir al Estado
totalitario que convoque plebiscitos y dicte leyes en contra de sí
mismo. A semejante analfabetismo político se suma el analfabetismo
funcional de alegar que, según la Constitución, los ciudadanos tienen
iniciativa de ley si recogen 10.000 firmas de electores.
Brevísima cartilla de alfabetización
La iniciativa legislativa de los ciudadanos se refrenda en la
Constitución (1976) —Artículo 86.g— reformada (1992) —Artículo 88.g— y
vigente (2003) — Artículo 88.g— con la misma cláusula condicionante: “En
este caso será requisito indispensable que ejerciten la iniciativa diez
mil ciudadanos, por lo menos, que tengan la condición de electores”.
Hasta un escolar sencillo se percata de que por ningún lado aparecen
“firmas”. Y bastan dos dedos de frente para que el siguiente paso sea
preguntar: ¿Cómo se determina la condición de elector del ciudadano? La
técnica jurídica elemental para precisar cláusulas constitucionales
indeterminadas estriba en dictar leyes complementarias. Para este caso,
la ley complementaria es el Reglamento de la Asamblea Nacional (AN). Su
artículo 64 dice bien clarito:
“Si la iniciativa procede de los ciudadanos, conforme se establece en el
inciso g) del artículo 88 de la Constitución, además de la
fundamentación consignada en los acápites precedentes, los ciudadanos
promoventes del proyecto acompañan declaración jurada ante notario,
donde se acreditará la identidad personal mediante los datos del carné
de identidad como documento idóneo y probatorio de la individualización
de una persona, así como de que no está invalidada para ejercer el
sufragio activo o pasivo”.
Tamaño de la ignorancia
Este simple razonamiento en dos pasos es mucho para los agentes de
contra-inteligencia del anticastrismo, que ni siquiera se atienen a la
sabiduría popular de “quien hace la ley [constitucional] hace la trampa
[complementaria] y se apean con la burrada de que la AN violó la propia
Constitución en el caso del Proyecto . Creen que tomar partido
contra el castrismo libera de la ignorancia y sostienen que los
opositores hacen un trabajo excelente al denunciar aquella violación. No
hacen excelente trabajo, sino el ridículo.
Por simple lectura del artículo 88.g de la Constitución y su ley
complementaria se comprueba que la AN dio respuesta constitucionalmente
irreprochable al Proyecto Varela:
“Ni la Constitución de la República ni el Reglamento de la Asamblea
Nacional del Poder Popular establecen la recolección de firmas,
cualquiera que fuese su número, para promover la iniciativa legislativa”.
Así mismitico lo advirtió el jurista opositor René Gómez Manzano a
Oswaldo Payá el 26 de abril de 2001, pero los gestores del Proyecto
Varela continuaron recogiendo firmas y datos [nombre completo, dirección
y número del carné de identidad] en papelitos a sabiendas de que no
tenían validez legal. De este modo redondearon el analfabetismo político
de presentar al parlamento de la dictadura de partido único un proyecto
sin esperanza de ni siquiera llegar a ser discutido. No querían hacer
política, sino bulla.
Y como la ignorancia va adquiriendo confianza a medida que se prolonga,
al cabo de quince años la contra-inteligencia del anti-castrismo sigue
justificando aquel analfabetismo político con que la violación de la ley
no estuvo del lado de gestores obstinados, sino de la AN.
Lo peor es que semejante ignorancia no se queda en el analfabetismo
funcional de leer mal los textos legales, sino que se extiende a la
falta de aseo mental que supone pensar que el régimen castrista había
propiciado tan facilito —nada más que con recoger firmas, envasarlas en
cajas de cartón y llevarlas a la AN— la acción de opositores con ínfulas
legislativas.
Coda
Y como sin conocer bien al enemigo jamás se podrá enfrentarlo con éxito,
el anticastrismo contra-inteligente obliga a pensar que, con tanta
ignorancia en contra del castrismo, emigrar “es la única cosa que puede
hacerse” en Cuba, tal y como en 1830 recomendó Bolívar para toda Nuestra
América.

Source: Anticastrismo y contra-inteligencia – Artículos – Opinión – Cuba
Encuentro –
www.cubaencuentro.com/opinion/articulos/anticastrismo-y-contra-inteligencia-325310

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