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El inmovilismo en congreso

El inmovilismo en congreso
Nada nuevo augura el actual VII Congreso del Partido Comunista de Cuba
lunes, abril 18, 2016 | René Gómez Manzano

LA HABANA, Cuba.- El Informe Central del general--primer
secretario Raúl Castro al VII Congreso del Partido Comunista de Cuba
(PCC), así como las restantes informaciones que han ido conociéndose
sobre el desarrollo de esa reunión, han ratificado la línea inmovilista
que hacían prefigurar las numerosas entregas del periódico Granma que
antecedieron a su inicio.

Durante semanas, el referido órgano oficial del régimen cubano se dedicó
a destacar, en su primera plana, declaraciones y pronunciamientos
diversos del fundador de la dinastía, las cuales tienen decenios de
antigüedad. Baste, como botón de muestra, el titular del 29 de marzo:
“El papel esencial del Partido como vanguardia de la Revolución”. Se
refiere a un discurso del “Comandante en Jefe” de octubre de 1964.

La alocución leída ahora por el menor de ambos hermanos encaja a la
perfección dentro de ese guion de continuismo a ultranza. Nada ha hecho
que la envejecida “dirigencia histórica” cambie su línea. Ni siquiera la
impresionante reducción en el número de militantes del partido único: de
“cerca de 800 mil” en tiempos del anterior (VI) Congreso a sólo “más de
670 mil”, según acaba de expresar el propio General de Ejército.

Este dato es importante y elocuente. La pertenencia al partido
gobernante implica posibilidades, ventajas y prebendas de todo tipo para
quien la disfruta. En ese contexto, la disminución de esa membresía en
un quince por ciento, en sólo un lustro decursado entre ambos congresos,
debería provocar una fundada preocupación en el seno de su dirigencia.

No ha sido así, sin . El orador, tras brindar la cifra, se limitó
a argumentar con indiferencia que ello “está influenciado por la
negativa dinámica demográfica que afrontamos, el efecto de una política
restrictiva de crecimiento desde el año 2004 y las insuficiencias
propias en el trabajo de captación, retención y motivación del potencial
de militantes”.

¡Colorido eufemismo el de esta última frase! Bonita forma de referirse a
la renuencia a incorporarse a sus filas, o a mantenerse en ellas, de
quienes se supone que sean los partidarios más fervientes del régimen.
¿No habrá influido en esa repulsa el hecho de que ni siquiera todos los
militantes pudieron elegir libremente a quienes los representan en su
congreso? Ese es un privilegio que sólo correspondió a los secretarios
de núcleos, quienes, para colmo, tuvieron que votar a mano alzada…

Y es a ese movimiento político apagado y disminuido al que su actual
Primer Secretario, en uno de los pasajes más importantes de su Informe
Central, propone mantener como único partido, a lo cual agrega la frase:
“y a mucha honra”. Es de esa forma que el dirigente desafía las demandas
que “desde casi todas partes del planeta” (según confesión propia) se
dirigen al régimen para que abandone esa política de unipartidismo a
ultranza.

El inmovilismo del orador llegó al extremo de plantear, en un pasaje
improvisado de su alocución que no aparece reflejado en la versión
escrita del Granma, que el artículo correspondiente de la Constitución
mantuviese incluso el mismo número 5 que ahora tiene.

Esa peculiar respuesta se antoja aún más contraproducente si tenemos en
cuenta que la alternativa del castrismo no era modificar el precepto
para sustituirlo –digamos– por las palabras de la carta magna
democrática de 1940: “Es libre la formación de partidos y organizaciones
políticas”.

Por ahora, habría bastado con no aludir a esa cuestión y, llegado el
momento de reformar la Constitución, hubiera resultado suficiente la
derogación de ese precepto. Esto no habría implicado el cese automático
del unipartidismo actual, pero hubiera representado una pequeña mueca,
un guiñito dirigido a aquellos que, en el extranjero, ansían que el
régimen haga algún cambio, siquiera diminuto, que justifique sus nuevas
políticas conciliadoras hacia el castrismo.

Con este portazo en la cara que han recibido, habrá que ver cómo
reaccionarán. ¿Se declararán frustrados? Parece poco probable.
Corresponde al pueblo cubano (incluyendo a los militantes descontentos
del único partido legal) realizar los cambios que el país necesita. Sin
confiar en dudosos apoyos extranjeros.

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Source: El inmovilismo en congreso | Cubanet –
www.cubanet.org/opiniones/el-inmovilismo-en-congreso/

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