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El mercado inmobiliario de La Habana y el fantasma de la desigualdad

El mercado inmobiliario de La Habana y el fantasma de la desigualdad

Cubanos con amigos o familiares en el exterior están invirtiendo en
mercado inmobiliario floreciente
Algunos que al salir de la isla les confiscaron sus propiedades están
comprando también
Muchos edificios de La Habana Vieja se están remodelando como parte de
este ‘boom’ para convertirlos en viviendas para alquiler o restaurantes
CHRISTINE ARMARIO
Associated Press

LA HABANA
A mitad de la Calle Habana, un edificio colonial de dos pisos muy venido
a menos está siendo restaurado por un que regresó a la isla
tras irse de ella con su familia cuando era niño luego de la revolución
de 1959. En la esquina cuelgan coloridos cuadros en una casa que ha sido
convertida en una galería de arte.

No muy lejos decenas de personas viven en un edificio del gobierno que
se viene abajo, sin corriente y con postes de madera que sostienen
lo que queda del segundo piso.

Al ver los cambios que se están produciendo en esta calle adoquinada de
La Habana Vieja, Magaly González Martínez se alegra de que el barrio
esté siendo embellecido, pero al mismo le preocupa el impacto que puedan
tener estas transformaciones en la gente que vive en edificios en muy
mal estado, como el suyo, en momentos en que la ciudad se transforma y
afloran las inequidades del mundo inmobiliario moderno en uno de los
últimos países comunistas del mundo.

“Yo entiendo que todo debe ser parejo, ¿no?”, comentó la mujer, una
jubilada de 66 años que trabajó en la construcción.

El ha subido casi un 20 por ciento desde que el
estadounidense Barack Obama y su colega cubano Raúl Castro pusieron fin
a medio siglo de guerra fría en diciembre de 2014 y los cubanos con
familiares o amigos adinerados que viven en el exterior están
invirtiendo millones de dólares en un mercado inmobiliario que
súbitamente ha florecido. Adquieren propiedades en la histórica Habana
Vieja y en los barrios más elegantes y las transforman en edificios de
alquiler y en bares y restaurantes.

En algunos barrios inundados por turistas la redistribución de riqueza
que transformó a Cuba después de la revolución parece estar diluyéndose
bajo las narices de sus residentes. Cubanos ricos que se fueron al
exterior hace varias décadas están comprando edificios confiscados a
familias como las de ellos. Residentes que sobreviven con muy poco
venden sus deterioradas casas y se mudan a barrios donde no hay tanta
demanda o se van directamente del país.

“Cuando llegué, todo era muy diferente”, manifestó Reinaldo Bordón, de
44 años, quien compró una propiedad en la Calle Habana en la que abrió
con dos amigos Habana 61, uno de los mejores restaurantes de la ciudad.
“Si las cosas continúan a este ritmo, creo que en otros 10 años todo va
a cambiar mucho”.

Antes de la revolución de , los cubanos acaudalados vivían
en barrios exclusivos como Miramar y los pobres en barrios marginales.
La igualdad de fue uno de los primeros objetivos de la
revolución. Casi de inmediato se prohibieron los desalojos y los
alquileres fueron reducidos en un 50 por ciento. Multitudes de personas
de clases media y alta se fueron de Cuba, dejando atrás sus mansiones y
viviendas suburbanas, que el estado entregó a los pobres. Fue así que
las antiguas sirvientas y los inquilinos terminaron viviendo en esas
propiedades, administradas por el estado.

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En 2011 Cuba anunció que permitiría la venta de propiedades por primera
vez desde los primeros años de la revolución. La nueva ley puso en
marcha algo que no existió formalmente por décadas en Cuba: una
industria inmobiliaria. Mucha gente que vivía en hermosos edificios
ahora descascarados colocó cartones en el frente anunciando “se vende”.

Impulsado por la ola de visitantes que comenzó con el deshielo, la
transformación del mercado de bienes raíces avanza a paso acelerado en
barrios como el de Habana Vieja, donde se están remodelando vetustos
edificios coloniales en casi todas las cuadras.

En el tramo de la Calle Habana que atraviesa el barrio de Loma del
Ángel, siempre en la Habana Vieja, ya hay casi más viviendas de
principios de 1900 restauradas que edificios destartalados a punto de
derrumbarse. Los residentes de los edificios derruidos que quedan los
ofrecen en venta en portales de bienes raíces y esperan la llegada de un
comprador dispuesto a pagar un buen precio, ilusionados con la idea de
sacar a sus familias de la pobreza en que han vivido por décadas
mediante una sola transacción.

60 por ciento de las transacciones son financiadas al menos parcialmente
por alguien que vive en el exterior
Si bien los extranjeros siguen sin poder adquirir propiedades en Cuba,
Joel Estévez, director de la inmobiliaria Havana-Houses Real Estate,
dice que el 60 por ciento de las transacciones son financiadas al menos
parcialmente por alguien que vive en el exterior.

Después de que Obama y Castro anunciaron planes para reanudar las
relaciones entre y Cuba, aumentó significativamente la
cantidad de cubanos exiliados que regresaron para comprar propiedades,
conservando su ciudadanía estadounidense, y esa cifra podría duplicarse
en los próximos años, según Estévez. En otros casos, un extranjero
casado con un o una cubana puede adquirir una propiedad y ponerla a
nombre de su pareja. Las operaciones más riesgosas son aquellas en las
que un extranjero que no tiene familia en la isla compra una propiedad y
la pone a nombre de un amigo.

Luego de hacer varias visitas buscando propiedades, José Angel Valls
Cabarrocas, un empresario jubilado de 70 años, adquirió una casona
venida a menos en la Calle Habana, junto a un edificio donde viven
muchas familias. Cabarrocas y su familia se fueron de Miramar a Macon,
Georgia, cuando él tenía 13 años.

“Somos de aquí igual que cualquiera”, afirmó.

Este naciente mercado favorece a gente como Cabarrocas, que a pesar de
las dificultades que hay para transferir dinero a Cuba, tiene el capital
necesario para comprar una propiedad. Al no haber financiación
disponible, la gran mayoría de los cubanos no pueden entrar al mercado.
El precio promedio de una vivienda en La Habana es de $25,000, según
IslaData, mientras que el sueldo promedio de un trabajador estatal es de
$20 al mes.

“El precio promedio de una casa no tiene relación alguna con lo que gana
un trabajador promedio”, dijo el economista de la de La
Habana Ricardo Torres Pérez.

Algunos observadores se preguntan si el mercado de bienes raíces
generará la desigualdad que hubo en La Habana hace casi seis décadas.

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Jesus Hermida Franco, artista de 41 años que usa la casa de su familia
en Calle Habana como estudio, tiene su propia visión del tema. Considera
que siempre hubo cierto nivel de desigualdad y de división de clases en
la isla y que, en todo caso, el nuevo mercado le da una oportunidad a
gente que antes no la tenía.

“Gracias a estos cambios que ha habido las personas han podido realizar
sus sueños. Algunos”, afirmó.

El periodista de The Associated Press Michael Weissenstein en La Habana
contribuyó para este reportaje

Christine Armario en Twitter: @cearmario

Source: El mercado inmobiliario de La Habana y el fantasma de la
desigualdad | El Nuevo Herald –
www.elnuevoherald.com/noticias/mundo/america-latina/cuba-es/article72715322.html

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