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La Paz que esperan los cubanos

La Paz que esperan los cubanos
Al menos por esta vez el absurdo romance del mundo civilizado con el
castrismo ha tenido un buen resultado al abrir una puerta a la paz para
los colombianos
Viernes, junio 24, 2016 | Miriam Celaya

LA HABANA, Cuba.- Tras la firma del acuerdo de cese definitivo del fuego
y desarme de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC),
alcanzado este jueves, 23 de junio de 2016, en La Habana, quedó abierto
el camino para el avance de un proceso de paz duradero en ese país
suramericano tras más de medio siglo de conflicto armado.

Queda por delante aún otro período de conversaciones y la firma del
documento final —anunciada para el 20 de julio próximo, en Colombia—,
que marcará el inicio de la reconciliación nacional, de un proceso de
justicia y reparación para las víctimas del conflicto, y de castigo para
los responsables de tantos crímenes violentos cometidos contra la
población colombiana.

De “histórico” ha sido calificada la rúbrica de cese definitivo del
fuego y de la entrega de armas por las FARC, bajo la supervisión de
representantes del Consejo de Seguridad de la ONU, toda vez que
significa el fin de las hostilidades y la consagración del diálogo como
vía para dirimir las diferencias entre todas las fuerzas políticas de
Colombia.

“Esta fecha marca el fin de las FARC… como cuerpo armado”, señaló el
Juan Manuel Santos en su acertado discurso de cierre de la
ceremonia, en el que reconoció al ejército colombiano y a la policía
nacional, que hicieron posible la paz para su país. No obstante, en lo
que constituyó una lección de respeto a la democracia, Santos –quien se
declaró adversario tenaz de la guerrilla– prometió defender el derecho
de sus miembros a constituirse en un partido y participar en la vida
política del país, pese a no comulgar con su ideología.

Para muchos de los que hemos seguido con atención el controvertido
proceso de diálogo entre el gobierno colombiano y las FARC, los acuerdos
firmados en esta jornada consolidan el optimismo y la esperanza para los
colombianos que apuestan por la paz. Es, por tanto, motivo de regocijo
para quienes preferimos el camino del diálogo político por sobre la
confrontación y la beligerancia.

Sin , el momento resulta oportuno para insistir en ciertas
incongruencias significativas que quedaron solapadas bajo el tapete de
la mesa de negociaciones, lejos de las sonrisas y los apretones de manos
de los ex enemigos. Cuestiones, digo, que no atañen directamente al
asunto gobierno-FARC colombiano, pero sí tienen que ver con la paz, con
la democracia y con la necesidad de proyectar un ambiente de diálogo y
acuerdos también para los cubanos.

La primera de las incongruencias es que el escenario elegido para las
conversaciones de paz haya sido precisamente la capital del país que
tanto apoyó y sostuvo a esa guerrilla que sembró de muerte y terror a
Colombia a lo largo de décadas.

La segunda, es que el General Raúl Castro, quien era —ni más ni menos—
el flamante Ministro de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Cuba en
los tiempos de mayor sustento del gobierno cubano a la guerrilla, sea
hoy el muy celebrado “garante” del diálogo entre las partes beligerantes.

La tercera y más escandalosa incoherencia es que, sin el menor asomo de
rubor, ese mismo fiador del proceso de paz colombiano que ahora recibe
todos los reconocimientos y palmadas de aprobación por parte de
gobiernos democráticamente electos y de los organismos internacionales,
se presente posando como paladín de la democracia y haciendo loas a la
necesidad del diálogo como vehículo para dirimir las diferencias,
mientras aplasta con la represión y la cárcel toda manifestación de
disenso dentro de la Isla.

No sé qué resulta más surrealista, si la falsedad de semejante avalador
de la paz y el diálogo o la hipocresía de quienes aúpan su labor como
garante de la solución de un conflicto externo a este co-responsable de
la más larga dictadura del mundo occidental, demostradamente incapaz de
dialogar o buscar una solución pacífica al conflicto que vive su propia
nación.

Durante la parte final de la ceremonia, cuando fiadores y partes
implicadas hicieron sus discursos, el representante de las FARC se
refirió al conflicto colombiano como “el más largo de este hemisferio”.

Eso es inexacto. En realidad el conflicto más largo de este hemisferio
no ha sido precisamente ningún conflicto armado, sino el que ha
mantenido la cúpula castrista con el pueblo cubano. Baste recordar unos
pocos ejemplos de cómo el gobierno ha fomentado una guerra de odios y
segregación entre cubanos a través de la política, ha legitimado el
despojo de las propiedades, ha dictado la exclusión de los emigrados, ha
estimulado las guerras extranjeras en las que han sido enrolados los
cubanos, ha suprimido de los derechos ciudadanos, ha ordenado los
asesinatos impunes contra inocentes (el remolcador 13 de marzo, el caso
más brutal), la represión a todo disenso, el terror psicológico, el
adoctrinamiento ideológico, la demonización de la disidencia y otras mil
formas de conflicto nacional donde las armas siempre han estado en las
manos del Poder y las víctimas las ha puesto el pueblo.

Sin dudas, la de ayer fue una jornada de celebraciones. Más allá de las
hipocresías de ocasión habrá que reconocer que al menos por esta vez el
absurdo romance del mundo civilizado con el castrismo ha tenido un buen
resultado al abrir una puerta a la paz para los colombianos. Medio siglo
de conflicto armado en Colombia parece estar tocando a su fin. Al
nuestro, sin embargo, le queda todavía un largo camino por recorrer… Y
lo más lamentable es que aún no se vislumbran siquiera los posibles
garantes.

Source: La Paz que esperan los cubanos | Cubanet –
www.cubanet.org/opiniones/la-paz-que-esperan-los-cubanos/

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