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Venezuela, Cuba y la gran traición

ANTONIO SÁNCHEZ GARCÍA
, Cuba y la gran traición
5 DE JUNIO 2016 – 00:31

Creer que un simple proceso electoral y el eventual del
gobernante —si siquiera eso fuera posible— lavará las manchas y
humillaciones de nuestra malherida nacionalidad demuestra necedad,
superficialidad e incompetencia. Un gravísimo desconocimiento de la
gravedad del mal que sufrimos. Será necesario un profundo proceso de
autocrítica y reconversión histórica. Una auténtica revolución de los
espíritus. Va siendo hora de comprenderlo.

“Nadie es la patria, pero todos lo somos.
Arda en mi pecho y en el vuestro, incesante,
ese límpido fuego misterioso”. Jorge Luis Borges
A la inolvidable memoria de Rómulo Betancourt

¿Qué fue lo que apagó en su pecho ese límpido fuego misterioso que es la
patria? ¿Qué lo llevó a darle la espalda a Venezuela y a entregarse de
rodillas al mismo que sus ancestros combatieran, sus mayores le
hicieran pagar caro el atrevimiento de pretender apropiarse de nuestra
historia y nuestras riquezas, y los soldados, sus predecesores, a
combatirlo al precio de sus vidas hasta expulsarlo, humillado, de
nuestras costas? ¿Por qué Rómulo lo sacó de un portazo y él corrió a
humillársele con desconcertante entusiasmo?

Es la gran interrogante que la historia nos plantea. Y a la que no
encontramos respuesta. ¿Por qué el teniente coronel Hugo Rafael Chávez
Frías, convertido por veleidad del pueblo y mortal decadencia de las
élites en primer magistrado de la República y Comandante Supremo de
nuestras Fuerzas Armadas, decidió entregarse en cuerpo y alma a Fidel
Castro y ofrendarle la disposición plena sobre nuestra soberanía? Pues
constituye un caso único en la historia de América Latina: ¿por qué
insólita razón un oficial de nuestros ejércitos, los mismos que lucharan
con ardor y sin tregua por obtener la de cinco naciones, le
cedió los derechos sobre el control de nuestros ejércitos y nuestros
bienes al gobierno de una tiranía de una isla incomparablemente menor en
dimensión, estatura y grandeza, como la Cuba que transitara sin hiatos
ni traumas históricos del regazo de España a los brazos de Estados
Unidos y de , que obtuviera para ella la independencia de
España, a la interesada caridad de la Unión Soviética? ¿Cuándo había
sucedido que una gran nación libre y democrática, plenamente consciente
de su valía y grandeza, al cabo de medio siglo de democracia plena, se
rebajara a convertirse en satrapía de una nación pequeña, decadente,
hambrienta y tiránica, arruinada económica y moralmente, que ni siquiera
sintiera los anhelos de libertad e independencia que sintieran los
pueblos hispanoamericanos a lo largo del siglo XIX, aislada en el mundo,
desprestigiada ante sus pares?

Es un enigma de muy difícil resolución. No encontramos otra explicación
que la veleidad y el capricho de un ser huérfano de sentimientos
patrióticos, pero ahogado en insólitas ambiciones de poder que solo
podían ser satisfechas mediante el respaldo de un caudillo mayor —Fidel
Castro— capaz de dirigir mediante su auxilio la conquista de la región,
imponer sobre las naciones hermanas gobiernos dominados abierta o
veladamente por la ideología marxista leninista, imponer los intereses
del castrocomunismo en sus diversas variantes desde el Foro de Sao Paulo
sobre toda Latinoamérica y, aliado a fuerzas antidemocráticas y
dictatoriales emergentes, pertenecientes a otros bloques de poder, como
el talibanismo islámico y la yihad, golpear a los dos centros nodales de
poder: Estados Unidos y Europa. Estamos ante un proyecto geoestratégico
orientado hacia el cambio de raíz de las coordenadas de poder y la
instauración de una nueva forma de dominio planetario. Un proyecto solo
comparable al que alimentara la afiebrada imaginación de Lenin y Stalin,
por parte del socialismo, y de Adolfo Hitler, por parte del
nacionalsocialismo. Hoy se le esgrime desde el llamado Estado Islámico.
En alianza con sus serviles vasallos venezolanos.

La entrega de Venezuela a Cuba constituye una traición sin nombre. De
todos los innumerables crímenes cometidos por Hugo Chávez y el chavismo,
del cual Nicolás Maduro y sus pandillas son la última y degradada
expresión, el peor y de más graves consecuencias. Le ha asestado un
golpe inconmensurable al corazón del Estado nacional, nuestras fuerzas
armadas. Cuya dimensión aún no puede ser valorada. Ha ofendido y
humillado a una de las más nobles tradiciones, fundada por el Libertador
de Hispanoamérica, también escarnecido y convertido en carroña de la
intrusión delictiva de la superchería afrocubana en otro de sus
crímenes: hacer a Simón Bolívar despojo de santeros, paleros y babalaos.
¿Cómo entenderlo? ¿Cómo aceptarlo?

Pero sobre todo: ¿cómo repararlo? La de Hitler, de Auschwitz,
del Holocausto y la conflagración mundial se vio obligada, luego de
sufrir una derrota descomunal que la dejó en ruinas, a hacer un profundo
esfuerzo de autocrítica y reconversión, enfrentada a los espantosos
demonios de sus delirios. Y a demostrar su inmensa valía logrando la
reconstrucción de su devastado territorio. El nazismo fue condenado,
expurgado y combatido no solo en Alemania, sino en el mundo entero.
¿Dónde sobrevive, qué instancia de coordinación multinacional, como el
Foro de Sao Paulo, lo hace con el castrocomunismo —una herencia directa
del nazismo hitleriano y el estalinismo soviético—, continúa
manteniéndolo con vida? Fue reconocido como un grave crimen de lesa
humanidad. ¿Quiénes y cómo, de entre nosotros, los venezolanos,
saldaremos esa grave con quienes construyeran nuestra
nacionalidad? ¿Es asunto de expulsar a los invasores y lograr el regreso
a la plenitud de nuestra soberanía? ¿Bastará con exigir la cancelación
de la pesada deuda contraída por sus gobernantes con quienes, ajenos al
más elemental amor patrio, les entregaran gratuitamente decenas de miles
de millones de dólares? Y lo que es inmensamente más grave: el control
de lo que quedaba de Estado nacional y a través de uno de sus agentes,
del mando del gobierno.

Creer que un simple proceso electoral y el eventual desalojo del
gobernante —si siquiera eso fuera posible— lavará las manchas y
humillaciones de nuestra malherida nacionalidad demuestra necedad,
superficialidad e incompetencia. Un gravísimo desconocimiento de la
gravedad del mal que sufrimos. Será necesario un profundo proceso de
autocrítica y reconversión histórica. Una auténtica revolución de los
espíritus. Va siendo hora de comprenderlo.

Source: Venezuela, Cuba y la gran traición –
www.el-nacional.com/opinion/Venezuela-Cuba-gran-traicion_0_859714105.html

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