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Cuba El reajuste

Cuba-USA: El reajuste
El anticastrismo corriente genera figuras a granel que tienen diversas
profesiones, pero el mismo oficio: analista político
Arnaldo M. Fernández, Broward | 17/01/2017 2:26 am

La historia no es más que geografía en movimiento
Guillermo Cabrera Infante, Cuerpos divinos, 2010

En su Historia documentada de San Cristóbal de La Habana… (1927), la
cubanóloga Irene Wright precisó que aquella ciudad —y con ella Cuba
entera— debía “todo su progreso a las guerras y los temores de guerras”.
Las guerras Cuba-USA se acabaron, incluso en la variante indirecta de
guerra de guerrillas en Latinoamérica, que la propia Cuba ayudó a
finiquitar en Colombia. Tampoco hay temor de otras guerras. La Isla de
Cuba pintoresca no aparece en los documentos que el Pentágono preparó
para el equipo de transición del D. J. Trump.
La peculiar posición geográfica de Cuba perdió relevancia al filo de la
globalización. La Isla dejó de ser el “crucero del mundo” que refirió
Martí en el siglo XIX y también la rampa lanzacohetes y el portaviones
soviético insumergibles que fuera en el siglo XX.
Al clausurar la campaña de alfabetización hace más de medio siglo, Fidel
Castro alardeó con haber realizado “la primera revolución socialista del
continente americano (…) a 90 millas del monstruo imperialista”. Sólo
las 90 millas y el continente quedan en pie. La fruta madura que cae
ahora en USA no es la Isla entera, como decían, sino su emigración
privilegiada.
A los dos años de restablecerse las relaciones diplomáticas, la
normalización del estatus migratorio acaba de arrancar, también de
manera sorpresiva, pero con lógico. Esa marcha no se detendrá hasta
derogar el Ajuste Cubano. Mantenerlo incita ya solo a permanecer a
escondidas en USA hasta coronar la estancia con la legalidad de
la residencia permanente al año y un día del arribo.
Análisis político
El anticastrismo corriente genera figuras a granel que tienen diversas
profesiones, pero el mismo oficio: analista político. Son tantos que la
televisión hispana de Miami y la blogosfera kubishe pudieran enganchar
este anuncio publicitario: Compra un analista político y llévate otro
gratis (BOGOF, por sus siglas en inglés). De por dónde iba el verano
pasado el análisis político sobre la cuestión migratoria da fe la pieza
“Obama, Castro y la tormenta perfecta”, de Juan Antonio Blanco, Director
Ejecutivo de la Fundación para los en Cuba:
“En la Isla, la frustración, el descontento y el deterioro de las
condiciones de vida se incrementan. Por ello aumenta una migración
potencial a la que después de las gestiones del Gobierno cubano con los
gobiernos de Ecuador, Nicaragua y México han dejado solo la salida
marítima. EEUU recibiría un Mariel multiplicado por diez en un año
electoral. En su miopía, La Habana parece creer que ese puede ser el
instrumento de chantaje con el que finalmente logren el levantamiento
del contra la economía estatal. Las consecuencias de ese enfoque
pueden resultarle catastróficas. En su ineptitud, puede ser que Raúl
Castro no capte la dimensión real de la actual coyuntura. Ha creado una
tormenta perfecta en Cuba, y para EEUU también” [énfasis añadido].
La movida migratoria no provino de chantaje, sino de acuerdo Cuba-USA
para cortar el paso migratorio más chévere de los cubanos: entrar,
plantar residencia y volver. Las consecuencias catastróficas resultan
entonces para el propio analista que, en su miopía e ineptitud, creó una
tormenta perfecta en sus cabezas, tal y como hizo a fines de 2014 en
torno a la imposibilidad de excarcelación de los tres espías penitentes
de la Red Avispa. Sin intel ni info sobre qué piensan los mayorales del
castrismo, este y otros analistas políticos BOGOF expresan sus propios
pareceres como si guardaran alguna correspondencia con enfoques de Raúl
Castro.
Caída en el tiempo
Por sobrevenir durante la administración Obama, la movida migratoria
concita que la bandería republicana eche con el rayo, a pesar de que
ellos mismos venían cocinando cierto reajuste del desajuste cubano para
atajar aquel paso tan chévere, amén del recorte de los beneficios que
los inmigrantes de la Isla disfrutan en exclusiva. Tal y como entonces
les importaban un comino los cubanos que iban a ser afectados por sus
medidas, ahora sí les importa que la medida de Obama amargue la vida de
muchos cubanos.
Los cocineros republicanos adobaban exigir la ciudadanía americana (a
los cinco años de estancia en USA) para volver de visita a Cuba, en vez
de la residencia (tan sólo al año y un día). Obama simplemente sazonó
más el mismo plato: en vez de retardar la salida de vuelta, estrechó la
entrada. USA acogerá ya solo a quienes, en principio, no podrían volver
de visita a la Isla del Diablo por ser perseguidos políticos.
Esta u otra movida similar era tan solo cuestión de tiempo desde que la
dictadura levantó, hacia 2013, el banderín que permite a los cubanos
viajar con holgura como regla y limitación como excepción, sin perder
sus propiedades ni tener que presentarse al campamento República de Cuba
antes de pasar dos años afuera. Sobre todo, porque la holgura da para
que ciertos cubanos salgan a desplayarse contra el gobierno —aun con
graves acusaciones como el asesinato de Estado, por Rosa María Payá, o
el apoyo al terrorismo con campos de entrenamiento para Hamás y Hezbolá,
por Oscar Elías Biscet— y regresen como si nada a la Isla sin dar de
inmediato con sus huesos en la cárcel y mucho menos en el paredón.
Y así como los cubanos en general empiezan ya a dejar de ser inmigrantes
privilegiados para USA, su política exterior irá dejando a un lado a los
llamados líderes opositores, que marcan aquel mismo paso chévere con
otra música: entrar a USA, plantar chácharas y volver a Cuba.
Aquí dan vueltas en el círculo vicioso de ser víctimas de la represión y
denunciarla a los cuatro vientos para volver a ser víctimas de ella y
tener que denunciarla otra vez, siempre sin masa crítica que se les sume
dentro ni nadie que se conmueva tanto afuera como para coger al
castrismo por los cuernos. No tendrán más remedio que resignarse a que
las violaciones de derechos humanos jamás darán pie a ninguna
intervención efectiva de USA ni de nadie más en Cuba, así como reajustar
su juego político a las propias reglas del régimen para ver si pueden
desbancarlo con ese mismo pueblo amante de la y la democracia
que invocan.
Coda
Cabrera Infante empacó en Castrofobia (2004) su esperanza de que “Cuba,
la llamada isla de corcho, flotará, y una vez más la geografía
determinará la historia”. De este modo atisbó que la nación cubana tiene
que rectificar el error histórico acaso más trascendental del castrismo:
repudiar la condición externa más importante del desarrollo nacional,
que es la cercanía de USA.

Source: Cuba-USA: El reajuste – Artículos – Opinión – Cuba Encuentro –
www.cubaencuentro.com/opinion/articulos/cuba-usa-el-reajuste-328389

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