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Los ‘cultos’ iletrados de la revolución

Los ‘cultos’ iletrados de la revolución
En Cuba cada vez se habla y se escribe peor, ante la indiferencia de los
encargados de velar por el idioma
Martes, enero 10, 2017 | Miriam Celaya

LA HABANA, Cuba.- Con suma frecuencia he escuchado o leído acerca de la
supuesta “cultura e instrucción” de los cubanos. Un fabuloso récord
académico basado en las estadísticas oficiales de la Isla y que, por
supuesto, cabría agradecer a la revolución cubana y a su (literalmente)
ceniciento líder.

Semanas atrás, durante las prolongadas exequias del Finado en Jefe,
mientras recorría algunas calles de Centro Habana en compañía de una
colega extranjera –de esas que, ya sea por ingenuidad o por simpatía se
han tragado sin chistar el cuento de “la isla más culta del mundo”– tuve
la ocasión de mostrarle varios ejemplos categóricos de la tan
renombradamente sólida y extendida cultura cubana.

Más allá de las calles sucias y rotas, los montículos de escombros y los
contenedores de desechos desbordados, que ya por sí solos hablan de la
peculiar concepción de la cultura de la higiene y la en la capital
cubana, por doquiera proliferaban los carteles plagados de errores
ortográficos: “hay coco rayado”, anunciaban en un mercadito de la calle
Sitios; “café mesclado”, ofrecía otro anuncio sobre una tablilla en una
cafetería privada, “proibido arrojar papeles en el piso”, rezaba en otro
local.

Las cartas-menú de los restaurantes –tanto privados como estatales–
también abundan en atentados terroristas a la legua española que harían
revolcarse en su tumba al eximio Miguel de Cervantes. “Garbansos
fritos”, “lomo aumado”, “filete enpanisado”, “paella valensiana” y otras
lindezas similares se han tornado tan comunes que nadie parece reparar
en ellas.

El “Paquete semanal”, con mucho el producto cultural y de
entretenimiento más popular y de mayor difusión entre la población,
adolece del mismo mal. Allí, entre los títulos de los archivos de
videos, se pueden encontrar joyas anti-ortográficas de talla colosal,
como “Parasitos acesinos”, “Guerreros del Pasifico”, “Humbrales al mas
alla” y muchas más.

No faltan quienes consideran el uso correcto del lenguaje como algo
superfluo, especialmente en un país donde la supervivencia diaria
consume la mayor parte del tiempo y de las energías, y donde no existen
muchas opciones de esparcimiento al alcance de los bolsillos de la
población. Los cubanos cada vez leen menos, lo que coadyuva a una
sensible merma del vocabulario y al deterioro de la ortografía. En todo
caso, dicen muchos, ¿a quién le importa si la palabra garbanzo se
escribe con s o con z, cuando lo esencial es conseguir el dinero para
poder comerlos? ¿Qué es más significativo, que un archivo de video tenga
un título bien escrito, o que puedas disfrutar del video en sí?

A esa lógica vulgar habría que oponer que la lengua constituye un
elemento capital de la cultura de un pueblo o nación, no solo como
vehículo de comunicación social para la transmisión y el intercambio de
sentimientos, experiencias e ideas, sino como rasgo de identidad de ese
pueblo. Más aún, la lengua se relaciona incluso con la independencia y
soberanía nacionales. Por tanto, cuando se descuida la lengua se
empobrece la cultura; de ahí que los pueblos verdaderamente cultos son
exigentes con el uso correcto de su idioma.

La sistemática destrucción del lenguaje en Cuba se manifiesta tanto en
el plano oral como en el escrito y entre individuos de todos los niveles
de instrucción, incluyendo a no pocos profesionales de la palabra. Así,
se ha tornado habitual encontrar textos de análisis periodísticos donde
aparecen disparates insólitos en palabras comunes y de uso frecuente en
los medios, como por ejemplo, “distención” por distensión o
“suspenciones” en lugar de suspensiones.

La relación podría ser extensa, pero basten estos dos casos para
ilustrar cuán profundamente se ha erosionado la cultura de la lengua
española entre nosotros, al punto que se manifiesta también entre
sectores que, al menos en teoría, lo componen sujetos versados en el uso
correcto del idioma.

Lo peor es que el patrón de destrucción sistemática del lenguaje parte
del propio sistema nacional de educación, del que ha sido eliminado el
dominio de la ortografía entre los objetivos esenciales de conocimientos
que deben adquirir los estudiantes desde los niveles elementales de la
enseñanza. De hecho, los propios carteles y murales de numerosas
instituciones estatales y de organizaciones oficiales exhiben sin el
menor recato los mayores errores imaginables, tanto en su sintaxis como
en su ortografía.

Es el caso de un aviso oficial sobre la puerta cerrada de un local
estatal en pleno barrio Pueblo Nuevo –calle Peñalver, entre Subirana y
Árbol Seco–, cuya imagen se reproduce en este texto, donde desde un
cartel escrito a mano sobre un papel estrujado, y con pésima caligrafía,
se convocaba a los vecinos a acudir a esa suerte de luctuoso conjuro
colectivo que han dado en llamar “Ratificación del Concepto Revolución”.
El cartel de marras rezaba textualmente:

Ratificación del Concepto Revolución

Día 28 de 9:00 am-10:00 pm/Día 29 de 9:00 am-10:00 pm

Puntos: (Lobin del teatro chiquito (ctc)

Lobin-Teatro Lazaro Peña

Fabrica Partagas: San Carlos y Peñalver

MINBAS: Carlos III y Soledad

La Culinaria: Sifre y Estrella

ISDI: Belascoain y Estrella

E/P Mario Muñoz: Carlos III

E/P Vado del Yeso: Posito y Oquendo

Biblioteca: Carlos III

Por supuesto, se infiere que el aviso informaba sobre el horario y los
lugares a donde los dolientes revolucionarios deberían acudir a blindar
con sus rúbricas el “concepto” de la espectral utopía (“revolución”, le
dicen) que falleció décadas antes que su hacedor. Lo cual puede que sea
“políticamente correcto”, pero sin dudas el cartel es lingüísticamente
atroz.

Paradójicamente, una de las locaciones referidas en el aviso, la
Biblioteca de Carlos III, (por cierto, la primera biblioteca pública
cubana fundada en Cuba en tiempos tan lejanos como el siglo XVIII), es
–ni más ni menos– la sede oficial de la Academia Cubana de la Lengua,
cuyas funciones, lejos de velar por el conocimiento y protección del
idioma, se reducen a lo eminentemente burocrático-simbólico y, sobre
todo, a la recepción de beneficios metálicos y de otros tipos enviados
desde la sede central de esa institución internacional, en España.

Lo cierto es que en la Isla cada vez se habla y se escribe peor, ante la
absoluta indiferencia oficial y de las instituciones supuestamente
encargadas de velar por el idioma. Lo que realmente importa a las
autoridades es que se mantenga la fidelidad a la ideología del Poder, lo
demás es hojarasca.

Mientras, la falta de libertades empobrece el pensamiento, y con él se
arruina también su envoltura material que es parte esencial de la
identidad cultural: el idioma. Aunque los medios oficiales, las
organizaciones internacionales y muchísimos alcahuetes de ocasión
insistan en repetir como papagayos que los cubanos somos uno de los
pueblos más cultos del Planeta.

Source: Los ‘cultos’ iletrados de la revolución | Cubanet –
www.cubanet.org/destacados/los-cultos-iletrados-de-la-revolucion/

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