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Cómo sobrevivir a un padre internacionalista?

¿Cómo sobrevivir a un padre internacionalista?
El síndrome postraumático de las guerras cubanas en África
Lunes, febrero 20, 2017 | María Matienzo Puerto

LA HABANA, Cuba.- Los conflictos generacionales que por fuerza existen
en el desarrollo de una sociedad cualquiera, en Cuba pudieran estar
agravados por el síndrome postraumático que provocaron las
intervenciones militares en África.

Mientras el Gobierno rememora con romanticismo las “gestas
internacionalistas”, no reconoce ni analiza sus consecuencias. La peor
parte la han llevado durante años las familias cubanas. Los hijos en
particular han vivido con la doméstica y el alcoholismo de sus
padres. Estos son de los síntomas más visibles del síndrome
postraumático de las guerras en ese lejano continente.

A los que padecen esta enfermedad, la Asociación de Combatientes
—institución creada para “atender a los Internacionalistas”— solo les
brinda una ayuda económica. Y las direcciones de Atención a
Combatientes, en su estructura municipal se encargan no solo de ellos
sino de todos los retirados de la Fuerzas Armadas Revolucionarias.
Ninguna de las dos instituciones cuenta con un cuerpo de especialistas
encargados de trabajar con quienes aún sufren las consecuencias de una
guerra que no les pertenecía por completo.

Una de las funcionarias de Atención a Combatientes del Municipio Plaza
de la Revolución le dijo a una vecina del Vedado, cuando esta intentó
buscarle solución a las condiciones paupérrimas en las que vive un
alcohólico veterano de la guerra cerca de su casa, “que ellos habían
recibido ‘cuando aquello’ cuarenta y un internacionalistas, y que cuando
se volvieron locos dejaron de ser su problema”.

La funcionaria le explicó cuál podía ser el procedimiento: “Me quedé
pasmada cuando me dijeron que si me molestaba le llamara al jefe de
sector de la policía y que él se encargara: una, de hacerle cartas de
advertencia, y a la quinta lo procesaran por y fuera
internado obligatoriamente; dos, que el jefe de sector junto al
trabajador social de mi área empezaran a trabajar con él y lo
convencieran de que está enfermo y lo internaran para desintoxicarlo. En
cualquiera de los dos casos, si tenía hijos, la responsabilidad era de
ellos porque eran parientes obligados y que si el ‘borracho’ iba
los hijos cogían también por no encargarse”

“¡Dime tú! Yo intentando ayudar… y por poco empeoro las cosas”, cuenta
la vecina del Vedado, que no da su nombre porque aunque siente una
responsabilidad como ciudadana también cree: “No es mi problema, la
verdad, y nunca quise llamar a la policía porque no confío en lo que
puedan hacerle a ese pobre diablo”.

Recientemente, un grupo multidisciplinario de militares cubanos ha
publicado el resumen de una tesis de doctorado (“Las bajas sanitarias
producto de acciones combativas contemporáneas”) donde los sujetos y las
acciones combativas son las acometidas por los contra el
resto del mundo.

Y dan como un nuevo fenómeno del siglo XXI las “afecciones
neuropsiquiátricas que se relacionan con el combate”, vinculadas sobre
todo con las nuevas formas de guerra.

Entre los especialistas consultados hay características del estrés
postraumático que coinciden: “Hay que entender que no siempre está
vinculado a la guerra. El estrés postraumático puede estar provocado por
cualquier evento de naturaleza violenta que haya vivido el individuo que
no cuente con los recursos suficientes para superarlo”, analiza una
sicóloga retirada de la clínica, y agrega: “Entre los síntomas más
frecuentes y más visibles se pueden mencionar la inestabilidad familiar,
los ataques de pánico, algunas reacciones neuróticas graves o leves,
violencia, trastornos del sueño y de la personalidad. Y aunque no
siempre aparecen en una misma persona todos los síntomas, es vital
analizar las causas que llevaron al paciente a esos extremos”.

En todas las variantes los hijos se llevan la peor parte. Si existen las
estadísticas, de cuántos padecen de alcoholismo o de cuántos de los
veteranos son violentos, nunca han sido publicadas.

De los entrevistados para este reportaje, ninguno recuerda haber visto
un análisis en los medios oficialistas sobre las consecuencias que
trajeron para varias generaciones las guerras en África.

La historia de los hijos

Patricia no sabía que su padre podría ser adicto ni que esta enfermedad
existía hasta que consultó con una sicóloga. “Papi se inyecta demasiado
Hebafortan en vena. Al principio, la que llevaba el control de eso era
Mami, pero al ella fallecer, yo asumí el control de la casa porque mi
padre no sale de una migraña para entra en otra y cada vez la dosis es
mayor, tanto de esa inyección como de combinados de duralgina,
benadrilina y meprobamato, cuando hay.”

Y continúa con su historia: “Él nunca ha sido violento, pero ahora me
doy cuenta que mi madre fue su cómplice desde que llegó de Angola.
Siempre tuve un padre demasiado sedado.”

La de Patricia no es de las peores experiencias.

Juan vivía en el número 5708 de la calle 74 en Alturas de Belén, y antes
de irse a África el gran conflicto que tenía era un hijo artista y medio
“friky”. Cuando regresó, además de caérsele el pelo, la depresión la
alternaba con arranques de ira. Su vida terminó apuntalada con
pastillas. Primero se mudaron porque “esa casa se volvió una pesadilla
por eso nos fuimos para el Vedado”, comenta Cary, su esposa, a la que no
le gusta hablar demasiado del tema. “Pero en el Vedado fue lo mismo”,
continúa. Su muerte fue un misterio para todos. Algunos asumen que se
suicidó.

“Estable fue de los primeros, aunque nadie se acuerde de él, que fue a
África de asesor militar cuando solo enviaban a negros. Ahí donde tú lo
ves tiene no sé cuántas medallas al valor”, cuenta un vecino de Alamar
que ha visto el declive de Estable, otro veterano.

“Primero alcohol y fajazones con la que era su mujer, después alcohol y
limpiabotas, y después alcohol y lo que apareciera. Ahora parece un
mendigo, le faltan todos los dientes y se la pasa negro de churre, como
tiznado”, dice otra vecina en su mismo edificio. El internacionalista
Estable se reunía con otros alcohólicos en lo que le quedaba de casa
para rememorar sus hazañas. Ahora está completamente solo y tiene toda
la sintomatología de la neurastenia, consecuencias de su adicción.

El hijo de Juan sufrió la intolerancia del padre. Yosvany, el hijo de
Estable, ahora es médico, pero de niño fue testigo de incontables
escándalos públicos.

Kevin tuvo tres internacionalistas en su familia: “Mi tía, su esposo y
otro tío que ahora vive en Oriente y cuál de los tres está más loco
ahora”, y resume su historia familiar: “Mi tía y su esposo se amaban.
Después de la guerra el amor se acabó el día en que él rastrilló una
pistola delante de los niños. Mi tía todavía hoy es demasiado nerviosa,
muy sobreprotectora, y siempre cree que a sus hijos les va a pasar lo
peor; y mi tío que vive en Oriente hubo un tiempo que le daba por tomar
y salir para la calle a fajarse con quien se encontrara”.

William y Ariel son fotógrafos los dos. Además de la profesión tienen en
común unos padres intransigentes en sus vidas porque fueron niños muy
sensibles, criados por sus madres porque los padres estaban librando al
mundo del colonialismo yanqui en África.

“Yo tenía cinco años, pero nunca se me va a olvidar que llegó un 17 de
julio”, rememora Ariel el regreso de su padre de Tanzania. “Desde que
llegó empezó la historia. Hay cosas que nunca le voy a perdonar”.

Ariel tiene 42 años y las relaciones con su padre fueron tan traumáticas
que él no ha logrado “matar a su padre”, como sugiere Freud que se debe
hacer llegado un punto del desarrollo de la personalidad, y se le corta
la voz como quien está a punto de llorar cada vez que habla del tema.

“Tengo una pila de cuentos. Su machismo se hizo perverso porque tenía
miedo que su hijo le saliera maricón. Yo nunca tuve nada, porque aun mis
juguetes él se encargaba de decidir sobre ellos. Le regaló mi pecera a
una vecina porque decía que yo tenía tremenda bobería con los
pececitos”, y dice con resentimiento: “Siempre haciéndose el héroe y
restregándome en la cara que debía ir a alguna guerra para que me
hiciera hombre”.

A William Baró Griñán lo ponían a “entrenar” con solo 10 años: “cuando
todo el mundo jugaba yo tenía que correr y tirarme al piso bajo órdenes
militares, y como sobrevivió a una guerra cree que va a ser eterno y ha
intentado que yo le haga un testamento de mi casa a su nombre. Ya le
expliqué que los padres por lo general, se mueren antes que los hijos,
pero como que no lo asimila bien. Nada, que las medallas al valor lo
volvieron loco”, dice William, quien sí ha logrado enfrentarse a los
abusos de su padre.

“Cuando era niño no entendía por qué mi mamá era una leona defendiéndome
cuando logró salir de él. Nada, era algo que no analizaba, pero ahora
que tengo hijos y que hago memoria de los métodos y de los cuentos de mi
padre me doy cuenta de que siempre ha sido un tipo enfermo. Tiene hijos
regados en , por toda Cuba, y supongo que en Angola también,
pero no tiene sentido de responsabilidad ninguno. Y ahora que lo pienso
hasta es mejor, porque si todos mis hermanos hubiesen tenido que
aguantar los ‘cállate la boca, que tú no sabes nada’ que me decía él,
seríamos una pila de gente infelices por ahí”, termina contando William,
quien además de no considerarse una víctima reconoce que hay otros casos
peores, como el de su hermana, que viviendo en la misma ciudad no conoce
al padre que tienen en común.

Baró sabe que no existe una fórmula, pero se pregunta, junto a otros
amigos suyos en las mismas circunstancia, cómo ha podido “sobrevivir a
un padre internacionalista”

Source: ¿Cómo sobrevivir a un padre internacionalista? – CubanetCubanet

www.cubanet.org/actualidad-destacados/como-sobrevivir-a-un-padre-internacionalista/

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