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Ser decente entre dos dictaduras

Ser decente entre dos dictaduras
BORIS GONZÁLEZ ARENAS | La Habana | 14 de Febrero de 2017 – 06:10 CET.

‘El mundo y mi Cuba en el Diario’, libro de Uva de Aragón.
Siro del Castillo.

La intelectual cubana exiliada Uva de Aragón y yo tenemos un amigo
común, se llama Siro del Castillo. Lo sé porque alude a él en una de las
crónicas compiladas por Vitalina Alfonso y publicadas por Ediciones
Holguín en 2015 bajo el título El mundo y mi Cuba en el Diario. Ese
diario del que habla su título es el Diario de las Américas, en el que
Uva de Aragón, luego de dos décadas publicando periódicamente, tuvo una
columna semanal desde 1987 hasta 2014.

Uva de Aragón y Siro del Castillo engrosaron el grupo de voluntarios que
durante la Crisis del Mariel recibió en Miami a decenas de miles de
cubanos para algunos de los cuales: “El nombre y teléfono de un
pariente, apuntado en un pedazo de papel, protegido por un plástico, era
muchas veces su posesión más preciada” (“El éxodo del Mariel-Memorias II”).

Con Siro del Castillo, de quien Uva exalta su “liderazgo, capacidad de
sacrificio, sentido de justicia y compasión”, he compartido reuniones
internacionales en pos de la Mesa de Unidad de Acción Democrática
(MUAD). Me consta que para Siro no hay militancia ni acción política que
esté desvinculada de la atención a los más necesitados ni del recuerdo a
los que ha debido decir adiós, a lo largo de sus más de 70 años,
huérfanos del honor que merecían. Sin que en estas últimas palabras haya
incitación a la revancha ni la venganza, pues no estaría siendo
coherente con su “sentido de justicia y compasión” que tan bien exalta Uva.

No hay que decir a estas alturas que la publicación en Cuba de tal
conjunto de artículos es una rareza. Y a Vitalina Alfonso le cabe el
mérito de haberlos escogido con mano firme y haber conseguido su
publicación y su distribución en las librerías del país, en una de las
cuales, en El Cotorro, lo compré tiempo atrás.

Si Uva y yo compartimos la amistad de Siro del Castillo, no pasa lo
mismo con Carlos Márquez Sterling. Mientras él fue el segundo esposo de
su madre y para ella como un padre, yo no conocí más que el nombre de
esta interesante figura de la historia de nuestro país hasta leer, hace
muy poco, su conferencia “Carlos Márquez Sterling y las elecciones de
1958″, compilados en el libro El otro paredón. El asesinato de la
reputación en Cuba, en el que varios intelectuales cubanos caracterizan
el rencor del castrismo contra el decoro, y los productos de sus
sistemáticas embestidas.

Carlos Márquez Sterling (1898-1991) fue abogado, profesor universitario,
presidió la Asamblea Constituyente de 1940, por 12 años fue congresista,
y en 1958 se presentó a los comicios organizados en medio de las
tensiones creadas por la pugna guerrillera con la dictadura.

Si existía teóricamente alguna posibilidad de deponer el régimen de
Batista por la vía pacífica, el triunfo de las guerrillas del 26 de
julio y el Directorio Revolucionario consagraría la impresión contraria.
El lema electoral de Márquez Sterling, “Ni con botas ni con balas, con
votos”, era un llamado poco atractivo para la deriva del movimiento
revolucionario empeñada en anatemizar las afinidades contrarias. Márquez
Sterling ofrecía “una amnistía general a los revolucionarios, garantías
para que depusieran las armas y se organizaran políticamente, y convocar
a elecciones generales en dos años, no cuatro como estaba previsto en la
Constitución que durara su mandato de ganar en las urnas. No aspiraría
en dichos comicios. Buscaba facilitar un gobierno de transición” (El
otro paredón…).

Carlos Márquez Sterling sería víctima poco más tarde su presentación en
aquellas elecciones con prisión domiciliaria, la confiscación de su
bufete de abogados, el cierre de su oficina, y la calumniosa acusación
de que su presencia en los comicios se debió al soborno del Gobierno
batistiano.

Uva de Aragón sostiene su inocencia en la conferencia citada y en el
artículo “El mundo íntimo de Carlos Márquez Sterling”, presente enla
compilación de Vitalina Alfonso. Allí se puede leer: “Carlos Márquez
Sterling fue una figura pública de la Republica que creyó siempre en los
procesos políticos, en el Estado de derecho, en la voluntad popular
expresada en las urnas”.

En otra de sus colaboraciones para Diario de las Américas (“Mis
recuerdos del 13 de marzo”) cuenta Uva que en la noche del 13 de marzo
de 1957, cuando La Habana estaba conmocionada por los sucesos del
Palacio Presidencial, dos policías fueron a buscar a Márquez Sterling a
su casa pero él se rehusó a salir. Su hijo llegó en ese momento y
refirió que a unos metros, alejado de la vista de todos, se encontraban
dos carros con policías vestidos de civil. Para los presentes el padre
estuvo muy cerca de la muerte, sensación que se incrementó cuando al día
siguiente se supo del secuestro y asesinato del también abogado Pelayo
Cuervo.

Ser un hombre o una mujer decente entre dos dictaduras fue la suerte de
miles de cubanos que compartieron destinos similares antes o después de
1959. Por el testimonio de Uva de Aragón sabemos que esa fue la suerte
de Carlos Márquez Sterling. Yo sé que fue también la de Siro del
Castillo, a quien todavía hoy, luego de tres décadas solicitándola, el
Gobierno cubano le niega la entrada a su país.

Source: Ser decente entre dos dictaduras | Diario de Cuba –
www.diariodecuba.com/cuba/1487028736_28926.html

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