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Socialismo por decreto regulatorio

Socialismo por decreto regulatorio
JOSÉ AZEL

El planteamiento de que el socialismo puede ser la consecuencia natural
de un exceso de regulaciones gubernamentales podría ser exagerado, pero
no demasiado.

Por definición, el socialismo se refiere a sistemas económicos y
sociales caracterizados por el control social de los medios de
producción. Paralelamente, las regulaciones se definen como un mecanismo
de dirección con fuerza de ley dictado por una autoridad superior. Así,
regulaciones gubernamentales excesivas pueden verse como el engranaje
para un efectivo control gubernamental socialista de los medios de
producción.

Desde esa perspectiva, el incremento de regulaciones federales en
año tras año no solamente es impactante, sino también
lamentable. Anualmente el Instituto de Competitividad Empresarial
publica un estudio sobre el tamaño, alcance y costo de las regulaciones
federales, y cómo afectan a los consumidores americanos, negocios y la
economía de EEUU.

El informe, acertadamente titulado “Diez Mil Mandamientos”, alerta sobre
el impacto de las regulaciones federales. Las regulaciones reciben poca
atención específica en los debates políticos, porque, a diferencia de
los impuestos, sus costos no son presupuestados y a menudo son
indirectos y no aparecen en la contabilidad. Pero consideremos que el
Registro Federal 2015 -publicación diaria de las reglas del gobierno
federal- terminó el año con 80,260 páginas. Equivalente a más de 400
libros de tamaño promedio.

Aunque los costos regulatorios exactos no puedan conocerse
completamente, el informe de los “Diez Mil Mandamientos” utiliza
información gubernamental y privada para ofrecernos un resumen completo
de los costos del Estado regulatorio.

El informe de 2016 destaca que los costos de las regulaciones federales
sobrepasaron $1,885 billones (en español) durante 2015. Esa cifra es
incomprensible para muchos de nosotros; entonces permítanme presentarla
en contexto. Si las regulaciones federales de EEUU fueran un país, sería
la novena mayor economía mundial, por encima de Rusia. Si asumimos que
el costo de las regulaciones federales se transfiere directamente a los
hogares, cada hogar de EEUU paga anualmente un impuesto regulatorio
oculto de $14,842. Este impuesto escondido representa el 28% del
presupuesto de gastos promedio por hogar.

De la misma manera que esos costos regulatorios permanecen esencialmente
ocultos a la vista pública en nuestro sistema de presupuestos federales,
tampoco se contabilizan en nuestro presupuesto personal hogareño. Pero
inevitablemente el costo del cumplimiento de las regulaciones de
negocios se expresa en los precios que los consumidores pagan, los
salarios que los trabajadores reciben, y menores niveles de prosperidad.
Pagamos la factura, pero la falta de transparencia sobre los costos
reales de las regulaciones podría explicar nuestra indiferencia y voraz
apetito por intervenciones gubernamentales paternalistas.

El paternalismo personifica la doble convicción socialista de que la
mayoría de las personas toman malas decisiones cuando se les permite
hacerlo por ellas mismas, y de que los negociantes, avariciosos,
arriesgan al público ingenuo recortando gastos para hacer dinero extra.
Si, comerciar requiere un interés propio que estimula y recompensa
conductas egoístas. Pero eso no implica que hacer negocios presuponga
dañar o explotar clientes. En un sistema de libre empresa las ganancias
nacen de crear valores superiores para los clientes, no de explotarlos.

La política regulatoria impone el juicio de un pequeño grupo de “sabios”
sobre un proceso de mercado de intercambios voluntarios que reflejan
necesidades y preferencias de la población. En una economía de libre
mercado cada intercambio voluntario dirige los recursos hacia donde su
utilización suponga mayor valor. Entonces, cada regulación que
obstaculiza intercambios voluntarios reduce la efectividad del uso de
recursos e incrementa costos.

Los mercados no provocan crecientes burocracias ni ineficiencias; las
regulaciones gubernamentales sí. Mercados competitivos impulsan
innovación, satisfacción de consumidores y precios decrecientes. Después
de todo, en los negocios no se triunfa dañando o maltratando a los
clientes. Esto no es sugerir que las regulaciones sean innecesarias
siempre. Políticas que buscan proteger a menores y a aquellos incapaces
de hacer juicios sensatos son claramente defendibles, pero las que
aspiran a proteger a las personas de ellas mismas socavan conceptos
fundamentales de responsabilidad personal.

Aceptar responsabilidad por nuestras propias vidas es un logro moral e
intelectual. Una celebración de nuestras libertades individuales.
Filosóficamente, las regulaciones gubernamentales definen los límites
entre la y la coacción socialista.

Investigador Senior en el Instituto de Estudios Cubanos y
Cubano-Americanos de la de Miami, y autor del libro Mañana
in Cuba.

Source: Socialismo por decreto regulatorio | El Nuevo Herald –
www.elnuevoherald.com/opinion-es/article133110644.html

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