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En el Almendares solo se puede pescar una buena infección

“En el Almendares solo se puede pescar una buena infección”
YOSMANY MAYETA LABRADA, La Habana | Marzo 28, 2017

El hedor llena el aire y se pega en la ropa de los vecinos de El
Fanguito, en las cercanías del río Almendares. Los residentes del lugar
cargan con ese tufo a todas partes, que se mete en la nariz y en los
poros. La principal arteria fluvial de La Habana apenas da signos de
recuperación a pesar de varios proyectos medioambientales que intentan
rescatarlo de la contaminación y la desidia.

Gonzalo vivió una vez de la pesca en las inmediaciones de ese río que
los indígenas llamaron Casiguaguas y que dio su nombre actual a uno de
los equipos de béisbol que fue más popular en el país. El Almendares
forma parte de la vida del anciano desde que se levanta hasta que se
acuesta. Todos sus recuerdos terminan y comienzan en sus aguas.

Vecino de la barriada de El Fanguito desde hace más de 70 años, Gonzalo
evoca el cauce cristalino que conoció cuando era niño. En aquellas aguas
pescaba con sus amigos, se zambullía para apaciguar el calor y buscaba
pequeños tesoros de piedra o metal en el fondo. Pero esas son historias
pasadas que solo existen en la memoria de los residentes con más edad.

Un estudio publicado en 2005 por el Ministerio de Ciencia, Tecnología y
Medio Ambiente (CITMA) advirtió que el cauce principal del río
presentaba una “situación higiénico y ­sanitaria crítica”. El informe
redactado por especialistas del Instituto Superior de Tecnologías y
Ciencias Aplicadas cifraba, en ese momento, en 70 las fuentes que
vertían residuos peligrosos a sus aguas con “altos niveles de
contaminantes orgánicos e inorgánicos, entre ellos sustancias tóxicas
como metales pesados”.

La ribera del río se ha ido despoblando sistemáticamente de árboles y en
sus afluentes se crearon en las últimas décadas unas 17 presas y
embalses. Otro estudio del CITMA determinó que el 80% de la
contaminación tiene un origen doméstico y que unos 200 litros de aguas
albañales llegan cada segundo al cauce del río.

“Aquí lo único que se puede pescar es una buena infección”, ironiza
Gonzalo mientras señala esas aguas quietas y oscuras que llegan hasta
cerca de su modesta casa. En la orilla flota una masa compuesta
mayoritariamente por botellas y bolsas plásticas, mientras que la
superficie se ve tornasolada en muchas zonas debido al vertido de
hidrocarburos.

Los desechos domésticos e industriales han perjudicado seriamente la
biodiversidad del Almendares, según datos del CITMA. Lorenzo Rodríguez
Betancourt, especialista de la entidad, declaró a la prensa oficial que
la limpieza de la cuenca era “una misión inmediata, pero muy compleja a
la vez, pues requiere de una importante inversión de capital y de la
creación de conciencia en los vecinos cercanos a la zona”.

Entre las medidas que ha tomado el Gobierno está el cierre de las dos
fábricas de cerveza Tropical y Polar, que vertían parte de sus residuos
a las aguas, también se sustituyó la tecnología de la Planta de Gas
Mario Fortuny y de la industria de Helados Coppelia. Varias
instalaciones que en las cercanías estaban destinadas a la producción de
materiales constructivos fueron desmanteladas.

Las autoridades señalan a los asentamientos urbanos como una de las
principales fuentes de contaminación, pero los vecinos de El Fanguito se
defienden. “Este barrio no tiene ni alcantarillado”, advierte Rosa, una
maestra jubilada que hace dos décadas se instaló en el lugar. “Pagamos
las facturas de y de electricidad pero fuera de eso hemos sido
olvidados por todos”, comenta.

Cada día, la mujer hace sus necesidades en una lata que en la noche
vacía en un montículo cercano. El lugar está lleno de desechos y rara
vez entra un camión a recogerlos. Las leyendas sobre cocodrilos y
enormes clarias que se tragan cuanto encuentren a su paso recorren el
lugar. Durante la noche las familias prefieren mantenerse dentro de las
casas y una de las primeras lecciones que enseñan a sus hijos se resume
en que “el río no sirve para bañarse”.

Rosa se llenó de esperanzas hace una década cuando un proyecto dirigido
por el entonces vicepresidente Carlos Lage fue anunciado como la
solución para el barrio marginal. El proyecto incluía la construcción de
nuevas viviendas, el asfaltado de las calles y hasta varios parques
infantiles para los niños de la zona. Pero la idea quedó solo en los
papeles y Lage fue defenestrado poco después.

En lugar de mejoras, el barrio ha seguido creciendo de forma caótica y
empobrecida. Más de dos centenares de casas salpican la ribera del río,
apretadas y endebles. La policía evita entrar a la zona y en los días de
lluvia todo toma el color del fango.

Algunas iniciativas logran una momentánea atención sobre el problema
como el recién concluido Festival del Río Casiguaguas, que, bajo el lema
“Por un agua más limpia”, reunió a varios actores sociales e
instituciones interesados en el cuidado del medioambiente. Pero pasados
los titulares en la prensa y los reportes televisivos, las aguas negras
retomaron su lugar.

Para Armando Hernández López, representante del Instituto Nacional de
Deporte y Recreación (Inder) y quien dio una conferencia en esta segunda
edición del evento, muchas comunidades en la ribera tienen “viviendas en
mal estado, hacinamiento, condiciones de saneamiento precarias,
población con un nivel escolar medio o bajo, deserción escolar y
alcoholismo, donde a pesar de las charlas realizadas por diferentes
sectores las condiciones higiénicas y sanitarias se agudizan”.

Clara María Kindelán, especialista del Centro Provincial de Higiene y
Epidemiología, considera que las principales acciones deben hacerse en
las comunidades y los centros laborales. El estado del río no permite
aún “realizar actividades de saneamiento donde los participantes tengan
contacto con el agua. Descontaminar el río Almendares será nuestro
principal reto en los próximos años”, asegura.

Una representante del CITMA en la capital señaló que los focos
contaminadores se han reducido, pero que todavía son más de 50. La
funcionaria agrega a la lista de las fuentes de residuos deshabilitadas
“dos papeleras y una empresa de la goma”. Aunque esta última, aclara, se
comenzó a rehabilitar nuevamente “por decisiones políticas”.

Para la presidenta del Comité de Defensa de la Revolución de la calle 19
y Río de El Fanguito, la urgencia es pasar de las palabras a los hechos.
“Solo nos dan charlas para que eliminemos los desagües que van hacia el
río, pero nadie se encarga de hacer o ayudar en realizar un buen
alcantarillado”. La vecina cuenta que han aparecido en la comunidad
“brotes coléricos” porque los niños “juegan alrededor de estas aguas”.

Mientras tanto, el anciano Gonzalo ya no siente la peste que impregna su
casa y su piel. Mira al río de su infancia como a un pariente
convaleciente que necesita una terapia urgente. Ha perdido la ilusión de
volver a bañarse en sus aguas algún día.

Source: “En el Almendares solo se puede pescar una buena infección” –
www.14ymedio.com/nacional/El_Fanguito-medio_ambiente-contaminacion_rio_Almendares-CITMA-ministerio-Inder-Armando_Hernandez_0_2189181065.html

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