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Las madres cubanas y sus recetas de resistencia

Las madres cubanas y sus recetas de resistencia
WENDY GUERRA

Aun pueden verse jóvenes y risueñas en la portada de la revista Mujeres,
con el pañuelo en la cabeza, uniformadas, reclinadas en un camión que
las regresa del “Domingo Rojo”. Posando con sombrero o minifalda,
reclamando su derecho a una Segunda Cita en las canónicas canciones de
Silvio Rodríguez, en los temas incidentales de Leo Brower, ellas se
parecen a su tiempo, aunque ese tiempo, poco a poco las abandonó.

Nuestras madres están por todas partes: ellas no enmiendan sus vidas,
han quedado asentadas en la memoria fotográfica, sensorial, sentimental
de este país.

Las recordamos riendo a carcajadas en el Parque de la Funeraria,
tatuando en su piel un colibrí sobre la isla, escuchando a escondidas a
Los Beatles, corriendo a lo lejos en una película de Sarah Gómez o
caminando por las calles de Regla mientras Tomás Gutiérrez Alea (Titón)
rodaba secuencias de Hasta cierto punto que luego se montaron sobre la
voz de Pablo Milanés. Las vemos opinando en el Noticiero ICAIC
Latinoamericano, melancólicas, delgadas, uniformadas en las fotos blanco
y negro que enviaron de la guerra de Angola, Nicaragua o el terremoto
del Perú.

Tendidas en la sensualidad de un enorme lienzo de Flavio Garciandía,
perdidas en el césped de la Nacional de Arte, columpiándose en
el deseo de las cosas simples, allí están ellas, repasando lo que hemos
sido, en un poderoso soliloquio que espera y despide a sus hijos.

En las imágenes de El Mariel, en las Marchas del Pueblo Combatiente,
citadas, movilizadas, en los actos de repudio, en todos los exilios e
inxilios. Repudiando o siendo repudiadas, sin editar sus biografías,
asumiendo en silencio lo que han sido, intensas en sus recuerdos y
vivencias, ellas nos esperan, aconsejan y liberan de cualquier
responsabilidad histórica, alimentando, curando, perdonando, entendiendo
a sus hijos, porque para eso son, han sido nuestras madres.

Casándose y divorciándose, permutando, aplazando la vida personal,
intentando no responder a todas nuestras preguntas, esos largos
interrogatorios de sus hijos que las atormentaban y ponían contra la pared.

Viajando hoy de país en país para encontrarlos, aprendiendo inglés o
francés para comunicarse con sus nietos, ellas siguen ahí, contestando
el teléfono de madrugada, en Miami, Puerto Rico, Madrid o La Habana,
responden sin podernos dar otra cosa que el paraíso de sus ilusiones y
ciertas recetas de resistencia.

Este marzo mi madre también cumpliría 70, pero no sobrevivió, perdió la
memoria a los 48 años y a los 54 –también en marzo– se venció. Estudió
en un colegio protestante, tuvo un mundo paralelo de golf y casas de
madera, pero rompió con todo ese universo americano de la Base Naval de
Guantánamo y Banes para ir a alfabetizar. Fue fundadora de la Escuela
Nacional de Arte (ENA), y entre educación militar para artistas,
parametración y censura, separaciones forzadas y muchas ganas de cerrar
su ciclo de vida, ella se venció.

Camino por la ciudad y la busco joven y bella, en un espacio que poco a
poco deja de parecerse al sitio, la utopía, que al nacer, me regaló.

Solo encuentro a mi madre en mis obsesiones, en los gestos, en mi cara
que poco a poco se va transmutando en ella.

A todas las madres que ahora cumplen 70, dondequiera que estén, deseo
felicitarlas, abrazarlas. Me pregunto cómo sería hoy esa muchacha
delgada y nerviosa, esa poeta que nunca envejeció. Esa mujer que al
despedir a sus padres, pasó de ser mi madre a mi única hija. A todas
ellas –madres o hijas– esta primavera quiero felicitarlas desde La Habana.

Escritora. Reside en Cuba.

Source: Las madres cubanas y sus recetas de resistencia | El Nuevo
Herald –
www.elnuevoherald.com/opinion-es/opin-col-blogs/opinion-sobre-cuba/article136451568.html

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