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Cuba y Venezuela – Dios los cría…

Cuba y : Dios los cría…
Sus tribunales acaban de demostrar una vez más el sometimiento total al
poder
Miércoles, abril 5, 2017 | René Gómez Manzano

LA HABANA, Cuba.- En días recientes, la inexistencia de un verdadero
Estado de derecho se ha puesto de manifiesto en los dos países del
“Socialismo del Siglo XXI” que alcanzan las más altas cotas de
arbitrariedad e injusticia: Cuba y Venezuela. En esta última república
la iniquidad tuvo lugar al más alto nivel, la Sala Constitucional del
Tribunal Supremo.

Los flamantes magistrados chavistas dictaminaron: “Mientras persista la
situación de desacato y de invalidez de las actuaciones de la Asamblea
Nacional, esta Sala garantizará que las competencias parlamentarias sean
ejercidas directamente por esta Sala o por el órgano que ella disponga”.

De paso, el alto órgano jurisdiccional también retiró la inmunidad a los
diputados. Se trataba —pues— de un golpe de Estado en toda la línea;
sólo que no militar o congresional, sino judicial. Claro, no por
ocurrencia propia de los jueces, sino por órdenes de Maduro, pues ya se
sabe que la supuesta independencia de ese poder es hoy una ficción en la
patria del Libertador.

Las voces de protesta no se hicieron esperar: en Venezuela, el
de la Asamblea Nacional Julio Borges tildó la vergonzosa
sentencia de “basura” y la rasgó ante las cámaras de televisión.
Comenzaron las protestas de estudiantes y otros inconformes. En el plano
internacional, se convocó al Consejo Permanente de la OEA; Perú retiró
su Embajador de Caracas. Hasta los complacientes mediadores Torrijos,
Fernández y Rodríguez descalificaron la burda maniobra.

Pero hubo desmarques no sólo de demócratas: Un personaje tan poco
sospechoso de antichavismo como la fiscal general venezolana Luisa
Ortega (sí, la misma que calificó al “Comandante Eterno” como “el hombre
más humanista que ha existido en el planeta” y defensora a ultranza del
injusto encierro de Leopoldo López) calificó lo sucedido en su país como
una “ruptura del orden constitucional”.

Convocado de urgencia, el Consejo de la Defensa de Venezuela pidió al
Tribunal Supremo “revisar” las sentencias que dejaron sin funciones al
Parlamento. Los obedientes magistrados, de manera fulminante, aplicaron
aquello de “donde dije digo, digo Diego”…

Por su parte, en Cuba, la ilegalidad reciente tuvo un nivel más bajo, en
ambos sentidos del vocablo. La Dama de Blanco Lismerys Quintana Ávila,
también de manera urgente, fue sometida a un proceso espurio y condenada
a seis meses de prisión —la sanción máxima imponible— por un dócil
Tribunal Municipal.

Como antecedente de esa injusticia, debemos recordar la nueva treta que
emplea la policía política contra esas admirables mujeres: De inicio, se
les impone de modo arbitrario una multa por una contravención que no
existe. Tras la negativa a abonar la pena pecuniaria, la
inculpada (en este caso, Lismerys) es conducida a un Tribunal Municipal
para ser juzgada.

El delito imputado es “incumplimiento de las obligaciones derivadas de
la comisión de contravenciones”, y está previsto en el artículo 170 del
vigente Código Penal. En virtud de ese precepto puede ser sancionado “el
que no cumpla las obligaciones derivadas de una resolución que haya
agotado sus trámites procesales legales, dictada por autoridad o
funcionario competente, relativas a contravenciones”.

Conforme a la oración final de esa norma, “si antes de dictarse
sentencia, el acusado satisface las obligaciones derivadas de dicha
resolución, se archivarán las actuaciones”. El propósito del legislador,
obviamente, no era establecer un mecanismo para enviar una persona más a
prisión, sino para disuadirla de impagar la pena pecuniaria impuesta.

Pero ya se sabe que, en Cuba, “quien hizo la ley, puso la trampa”.
Tratándose de alguien que discrepa y lo dice, cualquier tergiversación
del recto sentido de las normas es válida para las autoridades
castristas. ¿Qué posibilidades reales de abonar la multa tenían Lismerys
o sus seres queridos si ella estaba detenida y los segundos desconocían
en qué situación se encontraba?

Sabemos que el represor que “la atendía” (quien se hace llamar
“Luisito”, pero cuyo nombre verdadero —cosa insólita— se conoce: Ariel
Arnau Grillette) fue veraz en los mensajes de texto con los que acosaba
a esta madre cubana. Los conocemos gracias a la inventiva del valiente
luchador Ángel Moya Acosta: “la desicion de ir a esta en mi
mano”, escribía el corchete. Una frase en la que no sabemos qué admirar
más: si su creativa ortografía o el desparpajo con el que dice lo que
todo el mundo sabe, pero suele callarse…

No obstante, lo determinante en este caso no es lo que pretendiera la
tenebrosa Seguridad del Estado, sino el sometimiento de un tribunal a
los designios de ese órgano represivo. Es así como los “órganos de
justicia” de Cuba y Venezuela, una vez más, se han hermanado en la
ignominia.

Source: Cuba y Venezuela: Dios los cría… CubanetCubanet –
www.cubanet.org/opiniones/cuba-y-venezuela-dios-los-cria/

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