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Un buzo con un montón de títulos debajo del colchón

Un buzo con un montón de títulos debajo del colchón
FRANK CORREA | La Habana | 6 de Abril de 2017 – 10:51 CEST.

Joaquín Vázquez es uno de los tantos padres de familia a los que las
promesas de futuro se les deshicieron entre las manos. Guarda bajo el
colchón de su cuarto varios títulos de carreras que se propició a
manera de preparación integral, pero dice que no le sirvieron de nada.
“Tengo que sobrevivir vendiendo calandracas, para mantener a mi familia”.

Conversamos en el portal de la de sus abuelos. Cuenta que
cuando se graduó de preuniversitario no se apuró en trabajar. Se esforzó
más y en un periodo relativamente corto obtuvo el título de maestro en
el arte culinario, tomó un curso de Repostería, se especializó en Diseño
Urbano y estudió cuatro semestres en el Puerto de La Habana.

“Patrón de barco”, asegura.

De todos los cursos el que más le gustó fue ese, por la tradición
familiar que entraña y su relación personal con el mar. Joaquín es
miembro de una de las familias fundadoras de Jaimanitas hace 110 años,
los Bustamante, quienes crearon el “buceo en el limpio”, que consiste en
la extracción en la arena de las playas de las joyas y el dinero que por
descuido pierden los bañistas, y de la “venta de calandraca para
carnada”, dos gremios compuestos hoy por muchos jaimanitenses.

“Pero como Cuba no tiene barcos, las clases de navegación se
retrasaron”, continúa diciendo Joaquín. “Los barcos los vendieron cuando
llegó el Periodo Especial y ahora solo queda en el Puerto de La Habana
el Bahía de Nipe, que lo tienen cogido para el trajín, yendo de un lado
a otro. Un barco que navegó por tantos mares anda hoy por la bahía
haciendo mandados”.

“La preparación práctica la tuvimos que hacer en un barco español”,
recuerda. “Da pena decir eso. Después de graduarnos la dotación se
reunió en la parada, nos miramos y dijimos dónde vamos a trabajar si no
hay barcos… Ahora en el puerto se puede ver todos los días anclado un
crucero. Ayer vi uno gigante. Lo miré desde lejos y me dije ‘quién me
viera en uno de esos, en el timón, atracando en Taiwán o en Chipre’…
Pero sé que nunca voy a llegar allí, eso está reservado para otra gente”.

Los diplomas de los cursos de Joaquín están amarillos de tanto
guardarlos. Algunos se han roto en las esquinas. Pero el joven no cejó
en su empeño de triunfar en la vida, creó una familia y el mar le dio el
sustento.

“Construí un apartamento en el patio. Me llevó 10 años. Lo conseguí
sacando calandraca como un mulo, y con la ayuda de mi mujer, que trabaja
en casa de un diplomático con dos hijos, como nosotros, y nos quitaron
el golpe de comprar la ropa y los zapatos. El plasma me lo compré con
una cadena de oro de oro 18 de 22 gramos que encontré en mi zona de
pesca frente al Marcelo. La meseta de la cocina y las instalaciones
hidráulicas la hice con un palo que metí en ‘la bolita’ en el 2014 que
hizo historia: 22 con 69, policía con relajo”.

Y explica cómo imaginó esa combinación ganadora: “Consideraba que Cuba
era un relajo con mis diplomas oxidados, los precios por las nubes y los
bajos salarios, y tenía al jefe de Sector respirándome en la nuca. Por
más que le repetía que no habían barcos, me contestaba que tenía que
ponerme a trabajar. Por suerte llegó el cuentapropismo y, aunque sacar
calandraca y bucear no aparecen entre los nuevos oficios permitidos, nos
metemos todos los días en el , a buscar las balas para vivir”.

Joaquín ha intentado atravesar el Estrecho de la Florida tres veces y
dice que es la única salida posible a la situación en que vive. La
última vez fue hace unos meses, en un armatoste de poliespuma y madera,
con un motor de tractor y una propela. Zarparon 15 jaimanitenses desde
el mismísimo muro del Marcelo, con Joaquín de timonel, que utilizó todos
los conocimientos aprendidos en el curso del puerto y condujo el
artefacto de manera segura salvando muchas millas y derivando con la
corriente, según dictamina el manual.

La tercera noche, cuando ya no quedaba ni agua ni , avistaron unas
luces largas, brillantes, y él predijo que era Cayo Hueso, pero resultó
un chasco. Con todas las clases de navegación y las prácticas en el
barco español, Joaquín los enrumbó directamente al buque madre, el
encargado de recoger a los en alta mar y devolverlos a Cuba.

“En el buque madre estuvimos siete días. Por separado fuimos
entrevistados por un funcionario de Emigración que nos hizo muchas
preguntas. A mí me había cogido ‘la enfermedad del barco’, náuseas,
mareos, incoherencia verbal, y no pude decirle que era el Joaquín
Vázquez de Jaimanitas, graduado con muchos títulos guardados bajo el
colchón que me metía todos los días en el mar a bucear y a sacar
calandraca, y para colmo con la policía detrás. Pero no dije eso, nos
devolvieron a Cuba. Oye, hay buen tiempo, voy pa’l agua”.

Source: Un buzo con un montón de títulos debajo del colchón | Diario de
Cuba – www.diariodecuba.com/cuba/1491166590_30104.html

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