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Todavía los cubanos necesitamos permiso para entrar a comercios estatales?

¿Todavía los cubanos necesitamos permiso para entrar a comercios estatales?
JORGE ENRIQUE RODRÍGUEZ | La Habana | 29 de Mayo de 2017 – 11:15 CEST.

Recientemente, fui a comprar cigarros al bar- Ruinas del
Parque, situado en la esquina de Obispo y Aguacate, en La Habana Vieja.
Di las buenas tardes al portero, seguí hacia la barra, pero fui
interceptado. Sin cortesía ninguna, el portero me preguntó a dónde iba.

Incómodo, tanto por la pregunta como por el tono descortés, le respondí
que si acaso necesitaba, además de la formalidad de mi saludo, pedir
permiso para consumir en una entidad con libre acceso.

“Los cubanos se volvieron ignorantes y ahora quieren pasar por encima de
todo”, fue el argumento que esgrimió el señor portero, engalanado en una
guayabera y con porte marcial, quien además no supo explicarme en qué
consistía mi ignorancia ni a qué le estaba pasando por encima.

Ruinas del Parque, un bar-restaurante con mesas dispuestas al aire
libre, compone ese paisaje de comercios estatales afincados dentro del
casco histórico de la Habana Vieja, que décadas atrás se enfocaron para
brindar un servicio casi en exclusivo al extranjero, por el alto
precio de sus ofertas y productos.

Al compartir mi anécdota con varios trabajadores de bares y restaurantes
privados, ubicados también dentro del casco histórico, recordaba una
reflexión a veces poco atendida. Junto a la Cuba socialista también se
instauró una tradición: aquella donde las reglas y las leyes nunca son
lo suficientemente claras.

Cuando no se aplican por ineficacia o involuntad política –el mejor de
los casos–, solo sirven a la interpretación individual, y para la
conveniencia de los cuadros confiables del Partido Comunista (PCC),
quienes dirigen corporaciones y ministerios al estilo de principados.

“No olvidemos que aunque hace años derogaron la prohibición que nos
restringía el acceso a hoteles y a servicios turísticos, todavía los
cubanos no somos vistos en esos lugares como clientes, sino como una
molestia o como potenciales jineteros”, me dijo el chef Rogelito Linares.

Para Dalia Ferrer, experta en la elaboración de sodas, las razones para
esa actitud del portero van desde la incompetencia hasta el prejuicio y
el racismo.

“De cualquier modo, la pregunta fue ofensiva además de contraproducente
en este tipo de oficio. El modo elegante es simple: establecer un
diálogo cordial devolviendo el saludo, e informando a ese posible
cliente sobre las ofertas o productos que puede disfrutar en tu
negocio”, comentó.

Calibrar cuán hondo fue dañado nuestro tejido social como resultado de
la división que impuso el Gobierno entre cubanos y extranjeros
—llegándose a penalizar hasta con privación de a los cubanos
que intentaron cruzarla—, no es un ejercicio simple. La pregunta y el
tono del señor portero simbolizan un recordatorio: no importa la
abolición de una ley que nos discriminaba si nuestra definición como
sociedad continúa siendo el silencio.

“Lo que entristece es que hemos asumido esa relación como un hecho
natural, metido en nuestra idiosincrasia”, explica el barman Abelito
Santana, mientras prepara una sangría a dos clientes cubanos.

“Saber de antemano que en determinado lugar nos van a maltratar o a
discriminar, y de algún modo participar de ese círculo vicioso, como
buenos hijos del maltrato…”, agrega. “Ese portero también es una víctima”.

Las percepciones gubenamentales sobre el , que pueden consultarse
en el portal oficialista Ecured, evidencian esa obcecación por coartar y
manipular los destinos de la población: “En ocasiones se ha señalado que
el turismo puede tener beneficios positivos al permitir la interrelación
entre culturas diferentes. No obstante, los impactos socioculturales
detectados suelen ser negativos para la sociedad anfitriona, es por ello
que Cuba brinda especial atención al desarrollo de este sector y su
influencia en la sociedad cubana”.

Junto al ascenso del turismo como primera fuente de ingreso de divisas
del país, también se consolidaría —como han señalado no pocos sociólogos
y ensayistas cubanos— una discriminación de clases que alcanza su máxima
hondura en la emergencia de un sector privado, donde la oligarquía
militar regenta o controla los negocios más prósperos o lucrativos.

Intentar restringirme el acceso a Ruinas del Parque, quizás fue una
decisión personal —que no aislada— del señor portero. Pero sin dudas se
inscribe, junto al racismo, en ese conjunto de actitudes excluyentes,
prohibidas por la Constitución, pero cuya existencia y profusión son
negadas por el Gobierno.

Source: ¿Todavía los cubanos necesitamos permiso para entrar a comercios
estatales? | Diario de Cuba –
www.diariodecuba.com/cuba/1495806254_31418.html

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