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El compromiso con Cuba

El compromiso con Cuba
EEUU está enfocado en fortalecer el sector privado en la isla caribeña
Lunes, junio 19, 2017 | Roberto Jesús Quiñones Haces

GUANTÁNAMO, Cuba.- En otro intento de desmontar el legado de su
predecesor, el Donald Trump ha cambiado significativamente la
política estadounidense hacia Cuba, con la introducción de restricciones
para hacer negocios con el mayor conglomerado de empresas militares, así
como mayores controles a los viajeros que visiten la isla.

La nueva política de Trump intenta reducir drásticamente el flujo de
dinero que le llega al Gobierno cubano y presionarlo para que permita un
mayor desarrollo del sector privado. mantendrá, no
obstante, las relaciones diplomáticas con Cuba y su embajada en La
Habana. Los viajes familiares y las remesas que envían los
cubanoamericanos tampoco serán afectados.

Trump anunció los cambios el viernes, rodeado de seguidores
cubanoamericanos en el Teatro Manuel Artime de Miami, un lugar que lleva
el nombre de uno de los líderes de la Brigada 2506 de Bahía de Cochinos,
cuyos veteranos ofrecieron a Trump su respaldo en octubre pasado.

El presidente citó las violaciones de los en Cuba como
justificación para su nuevo enfoque.

Aunque no se trata de la reversión del histórico acercamiento promovido
por el expresidente Barack Obama, la posición de Trump se acerca más a
la línea dura de algunos republicanos cubanoamericanos, quienes
arremetieron contra la política de Obama por considerarla una
capitulación ante el régimen comunista de la isla. El senador de la
Florida, Marco Rubio, ayudó a elaborar los cambios propuestos por Trump,
con el aporte del representante por Miami, Mario Díaz-Balart.

“Si vamos a tener un mayor compromiso económico con Cuba, será con el
pueblo cubano”, dijo Rubio al Miami Herald en una entrevista.

Rubio calificó la nueva política como un intento estratégico a largo
plazo para obligar a los veteranos oficiales militares y de inteligencia
cubanos a aflojar su control sobre la economía de la isla, a medida que
una generación más joven de líderes comunistas se prepara para hacerse
cargo.

“Toda la presión proviene de los intereses empresariales estadounidenses
que van a Cuba, ven las oportunidades y luego vuelven aquí y nos
presionan para levantar el ”, dijo Rubio.

“Estoy tratando de revertir la dinámica; estoy tratando de crear un
sector empresarial cubano que vaya adonde está el gobierno cubano y lo
presione para que haga cambios. También estoy tratando de crear una
clase floreciente de empresarios privados independiente del gobierno”,
añadió.

Obama esperaba que una Cuba más ligada a Estados Unidos ya no sería
capaz de culpar de sus problemas económicos al “imperialismo yanqui”.
Sus partidarios, entre ellos prominentes cubanoamericanos de Miami,
imploraron a la administración Trump que mantuviera el nivel actual de
relaciones. Al igual que Rubio, argumentaron que solo un sector privado
floreciente conduciría a un cambio político en Cuba; donde las dos
partes no están de acuerdo es en la mejor manera de fomentar el
crecimiento de la empresas privada

La directiva presidencial de Trump no restituye la política de “pies
secos, pies mojados”, que permitía a los cubanos permanecer legalmente
en el país aunque entraran sin visas, y que Obama eliminó en enero de
este año. No toca el embargo comercial de Estados Unidos, que sólo puede
ser levantado por el Congreso. Y no limita los viajes o las remesas de
los cubanoamericanos, como hizo el expresidente George W. Bush, aunque
menos funcionarios del gobierno cubano podrán viajar a Estados Unidos y
recibir remesas.

Trump, en cambio, sí será más estricto que Obama en la autorización de
los viajes a Cuba. El en Cuba está prohibido para los
estadounidenses pero Obama expandió a doce las categorías de viaje
legalmente autorizadas para ir a la isla bajo una licencia general—sin
una autorización explícita del Departamento del Tesoro. La definición de
las categorías también se amplió para incluir nuevas actividades
educativas, culturales y profesionales, como la organización de torneos
deportivos, la investigación de mercadeo, o la filmación de programas de
televisión, entre otras.

En la práctica, la administración implementó un sistema que dependía de
la veracidad de lo que declaraban los viajeros. Bajo la nueva política
de Trump, los viajeros estadounidenses estarían sujetos a una auditoría
del Departamento del Tesoro, para asegurarse de que su viaje encaja
dentro de una de las doce categorías permitidas. Los viajeros deberán
mantener la documentación que pruebe su itinerario y sus interacciones
con los cubanos, o podrían ser sancionados. Los viajes educacionales o
para el llamado contacto “pueblo a pueblo” volverán a requerir el
patrocinio de una organización, que deberá organizar el itinerario y
enviar a un representante con los viajeros, una medida que había
eliminado Obama.

Medidas de este tipo, podrían “atemorizar” a los viajeros y reducir la
demanda, según estimó John Kavulich, presidente del U.S.-Cuba Trade and
Economic Council.

Los vuelos regulares y los cruceros a Cuba continuarán porque la orden
ejecutiva contempla excepciones para el pago de las tasas en aeropuertos
y puertos, aunque estos estén controlados por fuerzas militares o de
seguridad cubanas. También incluye excepciones para permitir
transacciones relacionadas con la renta de habitaciones en casas
particulares, como las que ofrece Airbnb, así como el envío de remesas a
través del sistema financiero cubano, interrelacionado con compañías
bajo el control de los militares.

El blanco principal de la directiva es el Grupo de Administración
Empresarial, S.A. (GAESA), un emporio de las Fuerzas Armadas
Revolucionarias (FAR) que controla el 60 por ciento de la economía
cubana, según estiman expertos. Las transacciones financieras con GAESA
quedarán prohibidas, así como las transacciones con cualquiera de sus
“filiales, subsidiarias o [compañías] sucesoras”. La prohibición también
incluye a todas las demás entidades controladas por los militares, los
servicios de inteligencia y otras fuerzas de seguridad.

“Eso es enorme, es prácticamente todo”, dijo Díaz-Balart en
declaraciones a el Nuevo Herald y el Miami Herald. “Esa es toda la
industria del turismo”. Según Kavulich, más de 45 compañías
estadounidenses tienen alguna actividad, servicio o negocio relacionado
con Cuba, aunque en su mayoría están relacionados con los vuelos
regulares, cruceros o las telecomunicaciones, este último un sector no
controlado por GAESA.

No existe todavía ninguna inversión directa de una compañía
estadounidense en la isla. El gobierno cubano canceló un proyecto de
producir tractores, que hubiera sido la primera empresa con capital
estadounidense en ese país en medio siglo.

El reto para la administración de Trump será cómo aplicar la medida en
el caso de los viajeros, quienes podrían estar violando la ley sin
saberlo, por ejemplo, al comer en uno de los restaurantes manejados por
Habaguanex —recientemente adquirida por GAESA— en la zona turística de
La Habana Vieja. El Departamento de Estado tendrá la tarea de
identificar, regularmente, todas las compañías vinculadas a los
militares, lo que se complica por la falta de transparencia del régimen
comunista. El Gobierno cubano también podría crear nuevas entidades,
separadas del control de las FAR o el Ministerio del Interior, para
manejar los negocios con las compañías estadounidenses, “como un modo de
evadir las restricciones”, apuntó Ted Piccone, investigador principal de
Brookings Institution y experimentado observador de las relaciones
EEUU-Cuba.

La nueva política contempla excepciones para continuar las operaciones
en la base naval de EE.UU. en Guantánamo, para expandir las
telecomunicaciones y acceso a en la isla, y para continuar con
las exportaciones estadounidenses permitidas por la ley de productos
agrícolas, medicamentos y dispositivos médicos.

Las medidas —y la posibilidad de violar la ley al hacer negocios con una
compañía militar desconocida por EE.UU.— posiblemente “desalentarán” a
las empresas estadounidenses que estaban considerando hacer negocios en
la isla. “Es un mercado demasiado pequeño para pasar por todo este
trabajo”, agregó.

La política de Trump no se limita sólo a los viajes y negocios. Su
administración también se opondrá a las medidas en las Naciones Unidas y
en otros lugares que pidan el fin del embargo. El año pasado, EEUU se
abstuvo por primera vez cuando la ONU realizó una votación para condenar
lo que Cuba llama un “bloqueo comercial y financiero”.

Trump también requerirá que las agencias federales informen sobre
violaciones de los derechos humanos y los fugitivos estadounidenses
albergadas por el Gobierno en Cuba. Asimismo, la directiva establece que
el Departamento de Estado deberá coordinará un grupo de trabajo en el
que participarán la Oficina de Trasmisiones a Cuba (OCB), organizaciones
privadas y no gubernamentales “para examinar los retos tecnológicos y
oportunidades para expandir el acceso a Internet en la isla”.

Grupos de cubanoamericanos que apoyan el acercamiento a Cuba y que han
estado buscando el apoyo de republicanos en el Congreso para impedir una
reversión de las políticas de Obama, han cuestionado el impacto de las
posibles políticas de Trump.

Carlos Saladrigas, el presidente del Cuba Study Group, una influyente
organización cubanoamericana que respaldó a Obama, cree que si las
medidas se limitan a prohibir los negocios con GAESA, su impacto “va a
ser mínimo” por ahora.

“No hay mayores relaciones comerciales con empresas militares excepto en
el turismo”, comentó.

El ejemplo más obvio es la cadena hotelera Starwood, que administra el
Four Points by Sheraton en La Habana, un de Gaviota, el brazo
turístico del gigante GAESA. Con la nueva política, la administración
podría cancelar la licencia de Starwood o decidir no renovarla, comentó
Kavulich. “Una victoria política más grande para la Administración sería
lograr avergonzar a Starwood al punto de que decidiera decirle al
Gobierno cubano que no puede continuar con el contrato”, añadió.

Starwood retrasó la entrada en vigor de un contrato para la
administración de otro hotel en La Habana, lo que sugiere que los
abogados de la compañía recomendaron cautela, comentó Kavulich. Para las
compañías, “va a ser difícil argumentar en contra de estas medidas”,
encaminadas a “priorizar la relación con entidades privadas”, opinó.

El CSG se estaba preparando para el peor escenario y estimaba que si la
Administración restringía más severamente los viajes, incluso de los
cubanoamericanos, eso podría ocasionar el cierre de uno de cada cuatro
negocios privados en la isla, los que se han beneficiado del aumento de
visitantes estadounidenses y del turismo internacional. Según cifras
oficiales cubanas, el número de estadounidenses que visitaron Cuba se
disparó en un 74% en 2016, en relación al año anterior.

Pero el exdiplomático cubano Carlos Alzugaray, que reside en La Habana,
cree que la economía del sector privado está muy intricada con la
estatal y “no hay forma de golpear al Gobierno que no golpee al sector
privado y a los intereses norteamericanos”.

La medida contra los militares, sin embargo, parece popular entre
disidentes, incluso entre aquellos a favor de la apertura propiciada por
Obama. La periodista independiente Miriam Celaya —quien participó en una
reunión de miembros de la sociedad civil con el expresidente durante su
viaje a La Habana en el 2016—, dijo que estaba a favor del levantamiento
del embargo pero de manera “condicionada y gradual” y de un modo que
“beneficie a los cubanos y no a la dictadura, que es lo que está pasando
ahora”.

Celaya dijo que sería “muy peligroso seguir dando dólares y empoderar al
régimen”, cuando la represión a opositores y activistas ha aumentado; el
Gobierno se mantiene en vilo por la situación en , su principal
aliado; y, además, está preparando un traspaso “parcial del poder”, con
el retiro del gobernante Raúl Castro —quien anunció que dejaría la
presidencia, aunque posiblemente se mantenga al frente del Partido
Comunista—.

Hasta el momento, el Gobierno cubano no ha respondido directamente a los
comentarios provenientes de Trump o su administración y ha ofrecido
mantener el diálogo con EE.UU. Alzugaray negó que una declaración leída
en la televisión estatal criticando el mensaje enviado por Trump, por el
20 de Mayo —día del surgimiento de la República—, fuera una respuesta
oficial del gobierno.

Desde la campaña presidencial, Trump criticó el “mal acuerdo” con el
Gobierno cubano. La falta de reciprocidad del gobierno de Castro se
esgrime como una de las justificaciones para ordenar los nuevos cambios,
aunque Alzugaray señaló que Cuba había “permitido” la apertura de una
embajada estadounidense en La Habana —en el mismo edificio de la Sección
de Intereses que ya existía— e insistió en que el embargo se mantiene en
pie. “No puede olvidarse de que se trata de una relación asimétrica”
entre los dos países.

El exdiplomático, aún cercano a la cancillería, subrayó que, para La
Habana, quedaba claro que la Administración estaba “haciendo esto para
complacer a congresistas cubanoamericanos y a ciertos sectores en Miami”.

Subsecretarios de distintas agencias encargadas de hacer la revisión de
la política hacia Cuba se reunieron en mayo y recomendaron mantener la
política de Obama. Estas conclusiones estaban en conflicto con los
objetivos políticos de la Casa Blanca y el Consejo Nacional de
Seguridad, que fueron presionados por Rubio y Díaz-Balart para cumplir
con la promesa de Trump a exiliados cubanos en Miami.

La directiva de Trump anulará la anterior directiva presidencial emitida
por Obama en octubre, con la que su administración pretendía hacer
“irreversible” su política de apertura hacia, Cuba, según dijo un asesor
del presidente a reporteros en esa ocasión.

En cualquier caso, aseguró Alzugaray, “el Gobierno cubano seguramente se
adaptará a la nueva realidad”.

Source: El compromiso con Cuba CubanetCubanet –
www.cubanet.org/opiniones/el-compromiso-con-cuba/

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