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La Habana, un desierto de baños públicos

La Habana, un desierto de baños públicos
JORGE ENRIQUE RODRÍGUEZ | La Habana | 10 de Junio de 2017 – 11:44 CEST.

“Tienen que aguantar las ganas hasta que podamos llegar al Cohíba
y allí nos hagan el favor de dejarnos usar el servicio”, rogaba un
matrimonio habanero a sus hijos mellizos de nueve años. “¿Cómo le
explicas a los niños que una ciudad de más de dos millones de habitantes
no dispone de baños públicos?”, lamentaba el padre, técnico en recursos
humanos.

Un paseo cotidiano en familia o cualquier gestión habitual que requiera
pasar horas por la ciudad, tiene el inconveniente de que, de aparecer
una urgencia, es difícil encontrar un baño.

“Solo en hoteles y cuerpos de guardia de hospitales puedes encontrar
servicios”, señaló la diseñadora industrial Lucrecia Pedraja.

“Pero en los hoteles casi dependes del favor de los porteros. Si eres
hombre y además negro, te ponen mala cara, o para negarse se inventan la
excusa de que el lobby está abarrotado por un grupo de extranjeros
recién llegados”, matizó su esposo.

Con una densidad poblacional de aproximadamente 2.970 habitantes por
kilómetro cuadrado, en La Habana resulta difícil localizar, incluso en
zonas céntricas, baños públicos a disposición de los paseantes.

Transeúntes interrogados sobre si recordaban la ubicación de esos
servicios en la ciudad apenas pudieron listar unos pocos: Parque del
Curita y Monte y Águila, en Centro Habana, Parque del Quijote, en el
Vedado, o Calzada de Managua y Delgado, en Mantilla.

Gerónimo García, escritor y periodista independiente, tiene una rara
condición médica que lo lleva a expulsar casi más líquido del que
consume. Con los años, aguantar las ganas de orinar demasiado tiempo le
causa dolores y ardor.

“Es inconcebible que en una ciudad calurosa, que te obliga a consumir
líquido constantemente, no exista una red de baños públicos. Como
solución me he hecho una especie de mapa mental con lugares donde puedo
usar el servicio sin la complicación de pedir el favor. Incluye las
funerarias, la terminal de ómnibus o la Biblioteca Nacional”.

Con 30 años de experiencia como abogada y actualmente dedicada al sector
privado, Beatriz Nápoles se pregunta si es tan difícil para el Estado
implementar, como mínimo, un baño público por cada municipio habanero.

“No creo que este asunto dependa de la inversión extranjera, de grandes
presupuestos para salarios y recursos o de una planificación que deba
ser analizada por el Consejo de Estado”, ironizó.

“Eso es competencia del Poder Popular de cada localidad y el único
estudio que merece es la focalización de zonas, en cada barriada, donde
exista más confluencia de comercios o entidades de servicio público”.

Pocos baños, mucho exhibicionismo

Los habitantes de inmuebles cercanos a establecimientos estatales que
expenden bebidas alcohólicas al aire libre se quejan de que algunos
consumidores utilizan las áreas aledañas como baño público.

“Acaso estos comercios del Estado no están sujetos a la prohibición de
vender cualquier tipo de bebidas si no tienen un baño disponible.
Sufrimos tanto el mal olor como la exhibición pública de los individuos
apremiados por la necesidad biológica y nuestras quejas nunca van más
allá de las reuniones del ”, dijo Andrés, vecino de y C.

“Esos baños cuando no están rotos solo son para uso exclusivo de los
trabajadores”, agregó Ailin, vecina de Avenida Zoológico y 26, quien
además lamentó que no vale quejarse “ni ante el Poder Popular ni ante
los administradores de esos lugares”.

La inexistencia de baños públicos en estos lugares al aire libre,
dispuestos para el consumo de comidas y bebidas, es una práctica extendida.

“Más que un fenómeno, es una cultura que aprendemos desde niños: orinar
o evacuar nuestras necesidades a cualquier hora del día por la ausencia
o por la indecencia de los baños públicos. Es decir, es casi una
exhibición íntima obligada”, opinó Rogelio Santos en la Ciudad
Deportiva, donde lleva a su hijo a practicar béisbol.

La falta de higiene de los escasos baños públicos existentes en la
ciudad es una crítica constante de los habaneros.

“La gente prefiere arriesgarse a ser multado que contraer una infección,
aún cuando los encargados se esmeran, con los pocos recursos de que
disponen, en mantener los baños lo más limpios posible”, apuntó Nancy León.

“Los cuidadores de baños son siempre personas mayores, tienen que
comprar los útiles de limpieza ellos mismos y no siempre tienen
corriente disponible”.

Bajo condición de anonimato, un funcionario del Poder Popular en el
municipio Plaza declaró que establecer una red de baños públicos no es
prioridad.

“Y, soy consciente, este es un tema de siempre entre las quejas que nos
trasmiten los ciudadanos. Habrá que tener más paciencia”.

Source: La Habana, un desierto de baños públicos | Diario de Cuba –
www.diariodecuba.com/cuba/1496354280_31583.html

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