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La moda clandestina

La moda clandestina
Los tatuadores cubanos trabajan en un limbo legal y asumiendo grandes
riesgos
Jueves, junio 22, 2017 | Osniel Carmona y Alejandro Hernández

LA HABANA, Cuba.- Los tatuajes se ven cada vez más en la piel de los
cubanos. Su auge, así como la diversidad y complejidad de los diseños,
coinciden artistas de este género, son el resultado del boom turístico
que experimenta la Mayor de las Antillas.

Sin , necesitaron de unos veinte años para ganar un espacio como
elemento complementario y casi infaltable en la concepción de moda de
los cubanos, quienes los aceptan y emplean con una efervescencia similar
a la que los lleva a poner en usanza un determinado modelo de pantalón o
zapatos.

“Hoy la gente prefiere diseños realistas pero mañana los quiere
abstractos, de la misma forma que temporalmente le gusta un par de tenis
más que otro. Ahora mismo la mayoría se inclina por vestir ropas
ripiadas y mostrar tatuajes bien coloridos”, comenta Marcel Terrero,
artista de Estudio Forever Tattoo.

Terrero, quien lleva más de diez años grabando la piel, explica que el
tatuaje en Cuba vive una acelerada metamorfosis que, si bien no termina
de liberar ese arte de los estereotipos negativos que le han endilgado,
permite que a ya sea visto como una manifestación cultural.

En esa evolución, ilustra el artista, perdió fuerza el uso de marcas
alegóricas tales como los tres puntos en la parte superior de la mano,
entre el pulgar y el índice, en alusión a practicar o simpatizar con el
proxenetismo; los cinco puntos en la misma parte de la mano simbolizando
pertenecer a pandillas u otros grupos criminales; o las lágrimas bajo
los ojos cuyo significado vincula el número de lágrimas con la cantidad
de personas asesinadas por el portador del tatuaje, o la intención de
llevar a cabo un hecho de semejante magnitud.

“Fundamentalmente se lo hacían los jóvenes, muchos ni sabían el
significado. Escogían estas marcas porque eran pequeñas y porque querían
demostrar algo que no eran pero que fue, o es, signo de una hombría
extrema; además, porque se trataba de algo tan clandestino como la
aceptación social de los tatuajes”, dijo Terrero.

Salvo en zonas de interés específico para el gobierno, en Cuba se
permite practicar el arte sin necesidad de obtener un permiso. No
obstante, cuando los artistas deciden cobrar por sus realizaciones, se
vuelve una actividad comercial que sí requiere de una licencia operativa
o de afiliarse a una de las empresas del Ministerio de Cultura.

A lo largo de los años esta ha sido una de las principales barreras a
sortear, principalmente, por los artistas callejeros. Sin embargo, los
tatuadores son una rara excepción de la regla, máxime cuando el gobierno
de la isla insiste en controlar minuciosamente el desarrollo del trabajo
por cuenta propia.

“Nosotros estamos en un limbo, no existe una figura aprobada para que
funcionemos pero tampoco nadie se mete en lo que hacemos. No nos
inspeccionan o nos piden pagar al fisco”, comentó Maykel Fernández
Pérez, que posee un pequeño estudio en el municipio Arroyo Naranjo.

La no regularización de medidas higiénicas para el funcionamiento de los
estudios de tatuajes es otro de los tópicos que marcha al libre albedrío.

Preocupado, Fernández comenta que las autoridades demuestran una
desatención total por el tema, dejando a la conciencia de los tatuadores
las medidas necesarias para la práctica de un oficio muy riesgoso en lo
referente a sanidad.

“Se ha visto quien recicla las agujas. También se conocen casos de
personas que por esa causa se contagiaron de enfermedades como el VIH y
la hepatitis”, señaló Fernández.

Ailet Duarte Martínez, una de los dos dueños del famoso estudio habanero
La Marca, destacó que el Ministerio de Pública (MINSAP) debería
implementar políticas educativas y legislativas que fomenten la
responsabilidad higiénica en la creciente masa de personas que
encuentran en tatuar una manera de supervivencia.

Desde su perspectiva, Duarte opinó que los problemas higiénicos que
existen en numerosos estudios son una derivación de las dificultades que
sufren los artistas para obtener herramientas, implementos y medicinas
de tipo antibióticas y analgésicos

Un artista del tatuaje que prefirió omitir su identidad, al respecto
dijo que “si en las mismas instituciones médicas escasean los guantes,
gasas, algodones y medicinas”, para ellos “se hace doblemente difícil y
caro conseguir estos elementos. A eso se añade que en el país no se
venden las agujas que se emplean para tatuar”.

Entre dolor, tintas y símbolos, un negocio de alto rendimiento

En un país donde para comprarse unos jeans de marca nada popular se
necesita trabajar al menos dos meses, de acorde al salario estatal, no
se quedan detrás las frioleras que piden los estudios de tatuajes para
llevar la dolorosa moda hasta el cuerpo de los clientes.

Una “pincha” —así se conoce en lenguaje coloquial a los tatuajes— de
siete centímetros bien medidos por su ejecutor puede costar más de 50
CUC en correspondencia con el nivel de complejidad del trabajo y la
cantidad de material que requiera.

Según Omar Ernesto Ramírez, artista del Saavedra Tattoo, en el estudio
donde trabaja se atiende a más de diez personas diarias, generando
ingresos netos que habitualmente rebasan los 500 CUC.

“Quien viene a un estudio de calidad quiere un tatuaje de calidad”,
apuntó Ramírez, que para explicar el contexto en se fijan los costos de
los diseños reitera que las máquinas y tintas que se emplean solo se
pueden comprar en el extranjero.

“Una máquina cuesta más de 200 dólares, pero un frasco de tinta de 50
mililitros no baja de los 25 dólares y se necesitan más de 20. Es una
inversión muy grande a la que tiene que sumársele otros implementos y
las condiciones que se le dan al estudio para que los clientes
encuentren confort”, dijo.

Source: La moda clandestina CubanetCubanet –
www.cubanet.org/actualidad-destacados/la-moda-clandestina/

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