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Más o menos embargo? Lo que prefiere Castro

¿Más o menos ? Lo que prefiere Castro
Para algunos miembros del régimen, ya sean de “línea dura” o “suave”,
las limitaciones del “bloqueo” son un mal necesario
Miércoles, junio 21, 2017 | Ernesto Pérez Chang

LA HABANA, Cuba.- El éxodo de cubanos mostró un asombroso aumento en los
últimos cuatro años. Pocos se explican cuáles fueron las verdaderas
causas de esa paradójica explosión que, en su apogeo, desencadenó
reacciones diplomáticas diversas en el área, cambios en el sistema de
visado en algunas oficinas consulares, creación de campos de refugiados,
cierre de fronteras y hasta la eliminación de la ley de “pies secos,
pies mojados”, algo no visto desde los sucesos del Mariel en los 80 o
desde la crisis de en los más dramáticos momentos inmediatos a
la caída del bloque comunista de Europa.

Una situación inexplicable en medio de un proceso de normalización de
las relaciones entre los gobiernos de Cuba y los . Un
comportamiento anómalo teniendo en cuenta que Barack Obama estaba
haciendo lo posible por mejorar la vida de los cubanos flexibilizando
algunas de las aristas más perjudiciales del embargo, ofreciendo
oportunidades para el sector económico no estatal, apostando por el
surgimiento de una verdadera sociedad civil, además de otras estrategias
para favorecer un cambio democrático de manera pacífica.

No obstante, la reacción dentro de la isla, en algunos aspectos, estuvo
algo distante de lo imaginado por los consejeros de la política hacia
Cuba del norteamericano. Por ejemplo, lejos de haberse
detenido la corriente migratoria hacia el Norte, esta aumentó debido a
una cuestión que ni los integrantes de los gabinetes de Obama y Trump
parecen haber comprendido en su verdadera esencia.

El éxodo, aunque signado por actitudes de desencanto, no respondía tanto
a una reacción de desconfianza o incertidumbre con el camino político
conjunto emprendido por ambos países sino, todo lo contrario, a la
amenaza que constituía la certeza de una eliminación del embargo económico.

Si se analiza el componente principal de la migración cubana se podrá
tener una idea de lo sucedido.

En un estudio de febrero de 2017, inédito, realizado como ejercicio de
maestría por un grupo de la facultad de Economía de la de La
Habana, se determinó que cerca del 80 por ciento de la migración cubana
en los últimos cinco años está conformado, primero, por dueños de
pequeños negocios privados (cuentapropistas); segundo, personas que
ocuparon cargos o puestos importantes en instituciones estatales y que,
por diversas vías, legales o no, acumularon suficiente capital para
llevar a cabo sus planes de salida por vías irregulares; tercero,
personas que, con o sin ayuda financiera del exterior, participaban
activamente del amplio mercado negro que se levanta sobre un sistema
económico dominado por la corrupción, un denominador que prácticamente
vincula a unos con otros.

Antes de la llegada de Trump a la Casa Blanca, en medio de las
esperanzas de una continuación del proceso de acercamiento que
protagonizaría la candidata demócrata Hillary Clinton, entre los altos
funcionarios del gobierno cubano se hacía más fuerte la convicción de
que el embargo económico tenía los días contados.

La ortodoxia comunista iba cediendo ante una corriente, dentro del
propio gobierno, que, aunque contraria a cualquier forma de oposición
política, todavía hoy apuesta por cambios discretos en todos los
órdenes, lo que, a la larga, evitaría un estallido social que a muy
pocos convendría. Incluso gran parte de los planes de crecimiento hacia
el 2030 se trazaron sobre esa cuerda que parecía indestructible.

Lo que para unos, sobre todo en la cúpula del poder, constituía una
garantía de supervivencia política por al menos una década más, tiempo
suficiente para poder manejar la crisis de manera tal que a todos
pareciera que los cambios partían de una voluntad y que no eran
resultado de presiones internas y externas, para otra parte de los
funcionarios estatales, conectados directamente con un mercado negro
cuya prosperidad depende ciento por ciento de la crisis económica y del
mantenimiento del embargo, las alarmas comenzaron a sonar de manera
ensordecedora.

El fin del embargo es, si no la solución definitiva al pantano económico
cubano, al menos la antesala de la debacle de un sistema político tal
como fue concebido y manejado por los elementos retrógrados del Partido
Comunista, que necesita de un enemigo sobre el cual alzarse y a quien
atribuir los reiterados fracasos de los planes económicos y sociales.

Para algunos, ya sean de “línea dura” o “suave”, las limitaciones del
“bloqueo” son un mal necesario porque, además, son una forma de ocultar,
por una parte, la ineptitud y falta de genuino compromiso patriótico de
muchos de los “partidistas”; por la otra, la conexión, y en algunos
casos la hegemonía, de muchos de sus cuadros, a todos los niveles, con
la economía subterránea.

Mantener el embargo e incrementarlo es, sin dudas, fortalecer la base
sobre la cual se alza el sistema de privilegios del cual gozan los
funcionarios estatales. Prerrogativas que no son más que aquellas
“mieles del poder” a las que se refería cuando descubrió la
trama de conspiraciones en su contra llevada a cabo por su propio grupo
de apoyo.

El sistema de privilegios, en buena medida justificado por los efectos
negativos del embargo, permite no solo camuflar el desvío de los
recursos estatales sino, además, convertir en habituales, dentro de la
economía cubana, aquellos mecanismos, como las empresas off shore o el
uso de los llamados “compradores”, por ejemplo, que permiten burlar el
embargo y que, en consecuencia, dotan de poderes extraordinarios y de
peligrosa autonomía a funcionarios que han sabido explotar a favor de
sus bolsillos, de manera muy efectiva, la parte mitológica del “bloqueo”
como fuente de todos los males.

Tan solo siguiendo los casos denunciados en los principales diarios de
la prensa oficialista cubana, desde 1960 a la actualidad, los escándalos
de corrupción vinculados a actividades diseñadas para evadir el embargo
por parte del gobierno cubano ha arrojado un saldo de más de mil
doscientos funcionarios estatales de alto rango sancionados por
actividades ilícitas.

No se cuentan en el grupo aquellos otros “cuadros de dirección” de menor
categoría como directores de empresas, subdirectores, gerentes y
oficiales de las Fuerzas Armadas o del Ministerio del Interior que
también han sido defenestrados por lucrar con recursos estatales bajo el
“amparo extraordinario” que les ofrece la sacrosanta existencia del embargo.

“Mucha gente saldrá perjudicada, multitudes de gentes, y no solo gente
de la calle, sino gente que está arriba, bien arriba. Aquí y allá”, me
decía hace poco un ex funcionario del Ministerio de Comercio Exterior
cuando lo invité a hablar sobre las consecuencias del fin del embargo de
los Estados Unidos a Cuba.

Su opinión coincide con la de otras personas que han analizado la
cuestión ya desde una experiencia práctica, ya como objeto de estudio.

Un destacado profesor y economista de la Universidad de La Habana que,
al igual que otros entrevistados, por temor a represalias por hablar
para un medio de prensa independiente, ha preferido mantenerse en el
anonimato, describe algunas de las reacciones que sobrevinieron al
anuncio del inicio del proceso de acercamiento entre los gobiernos
cubano y norteamericano.

“Se hizo más fuerte la idea de una eliminación del bloqueo. Eso
entusiasmó a quienes no sacan provecho de él, pero quienes saben lo que
significa fin del bloqueo se llamaron a capítulo. (…) Hubo éxodo de
cuadros en las empresas. Dirigentes, grandes jefes que pidieron la
liberación (en las empresas estatales) alegando razones de índole
personal porque cundió el pánico. Si esto se arregla, nos jodemos, es lo
que pensaron. Muchos de ellos viajaron a Panamá, a México, a Rusia,
otros tuvieron suerte y fueron reclamados por la familia y pudieron
llegar a los Estados Unidos antes que cerraran porque si no hoy tuvieran
media isla del otro lado. (…) Todos, directa o indirectamente, hemos
tenido que hacer de tripas corazón. Y estoy seguro de que hay quienes no
saben vivir sin el bloqueo. (…) Veían el fin de ese socialismo al que
estaban acostumbrados y donde al año se desvían cientos de miles,
millones de dólares, que después se justifican como pérdidas ocasionadas
por el bloqueo”.

Tanto de un lado como del otro del Estrecho de la Florida, abundan los
que han sabido sacarle partido al embargo. Pienso en esas personas a las
que no conviene que el gobierno comunista llegue a su fin o que
simplemente se flexibilice porque esto los coloca en peligro de muerte.

Existe todo un abanico de “beneficiados por el embargo”, que incluye
desde aquel que, residiendo en Miami o en Panamá, en Rusia o en Ecuador,
y sabiendo la escasez que sufren los cubanos, vive de extorsionar
revendiendo ropas de saldo en La Habana, o a ese que se repatria solo
después de calcular que un dólar es una fortuna para quien solo gana
veinte como salario mensual.

Ambos en nada se diferencian de ese director o empleado oficialista que
roba los recursos de la empresa para beneficio propio y que luego
desfila por la plaza con una pancarta de “Abajo el bloqueo” cuando es el
“bloqueo” quien le permite alzarse sobre la miseria que él mismo
contribuye a generar y eternizarse.

Source: ¿Más o menos embargo? Lo que prefiere Castro CubanetCubanet –
www.cubanet.org/destacados/debe-eeuu-eliminar-el-embargo/

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