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Tan peligroso como ser palomero

Tan peligroso como ser palomero
La colombofilia se extiende como un negocio lleno de riesgos
Miércoles, junio 14, 2017 | Ernesto Pérez Chang

LA HABANA, Cuba.- Luego de haber permanecido durante casi un mes en una
sala de cuidados intensivos del Julio Trigo, Orlenis, un joven
que se debatiera entre la vida y la muerte debido a la llamada
“enfermedad de la paloma”, ha decidido continuar con su “afición”.

En la casa todos escucharon las sugerencias del equipo médico sobre
mantener los criaderos de palomas alejados de la , para así
evitar nuevas reinfecciones en un muchacho inmunodeprimido. Sin ,
tanto Orlenis como sus padres no han querido renunciar a una actividad
que, con el tiempo, se ha convertido en algo muy distante de ser un
entretenimiento.

Sobre los techos de la casucha donde viven, en el reparto La Güinera, en
Arroyo Naranjo, aún conservan las jaulas, hechas de trozos de metal y de
madera extraídos de los basurales, donde mantienen a unos treinta
ejemplares de esos animales a los que nadie reprocha lo sucedido, ya que
de ellos depende la economía familiar.

Maryolis, la madre de Orlenis, aunque temió y aún teme por la vida de su
hijo, nos habla de lo sucedido como si se tratara de un “
laboral”. Para ella todo oficio implica un riesgo y la vida es una
encrucijada entre ganar y perder. “Si dejamos de criar palomas, ¿de qué
vamos a vivir? Se gana o se pierde. Además, si quitamos el palomar, aquí
alrededor de la casa hay como diez más. No hacemos nada quitándolo. Por
aquí todo el mundo vive de las palomas”, dice como cualquier ser
resignado a su destino, asumiendo su tragedia personal sin demasiados
lamentos.

En los barrios más pobres como La Güinera, Párraga, Mantilla, El
Calvario, todos en la periferia de La Habana, no es raro escuchar hablar
de la enfermedad de la paloma. Todos conocen de los casos, incluso de
los fatales, pero pocos se asustan. El nivel adquisitivo de los
pobladores de esas zonas es demasiado bajo, también el nivel de
instrucción. El precio de una paloma, en dependencia de la especie,
puede alcanzar hasta más de 100 dólares, una razón suficiente para
ignorar los riesgos.

“Yo he visto vender palomas en doscientos, trescientos dólares. Aquí hay
gente que se ha matado por una paloma. (…) Hay reglas entre los
palomeros pero siempre está el que quiere hacer las cosas a su manera
(…). El que cría sabe que se arriesga a que le roben. (…) Si en mi techo
cae cualquier paloma, olvídate que no aparece más. La paloma es dinero”,
comenta Fabián, vecino de Orlenis y también criador.

Un primo de Fabián falleció hace tres años debido a la enfermedad de la
paloma, sin embargo, eso no impidió que la familia heredara los animales
y las jaulas posiblemente infectadas.

“Eso es así, hay que seguir hasta donde se pueda. Aquí estuvo
Pública haciendo preguntas pero no pasó de ahí. Nos dijeron que teníamos
que deshacernos de las jaulas pero no es tan fácil. Esto es un negocio
como otro cualquiera”, afirma Fabián, quien reconoce los peligros a los
que se expone a diario. “Las palomas son parte de la vida de uno, viven
con uno, nos dan de comer, de vestir. Hay gente que cría puercos, y eso
también trae enfermedades (…) Ojalá uno tuviera un patio donde criar
pero desgraciadamente tienen que estar en el techo de las casas, y si
viene un ciclón tenemos que meterlas en los cuartos, en la sala, en el
baño, donde sea. Es un riesgo que hay que asumir”, opina Fabián.

La crisis económica de los años 90, el momento más dramático del llamado
“Período Especial”, redujo el número de criadores en las ciudades, sin
embargo, a partir del año 2000, la colombofilia alcanzó la magnitud de
una verdadera fiebre.

“En los 90 se puede decir que desaparecieron porque no había con qué
alimentar a los animales. El chícharo era difícil de encontrar, y el
poco que conseguías no podías dárselos a las palomas”, explica Alfredo
Larraín, criador y miembro de la Sociedad Colombófila de Cuba: “También
el hambre hizo que la gente comenzara a incluirla en la dieta. Gente que
incluso jamás había probado la famosa sopa de pichón, comenzó a comer
palomas. (…) Cuando aquello comenzaban a introducirlas en las plazas de
la Habana Vieja y la gente iba hasta allá a cazarlas, pero no para
criarlas sino para comer. (…) Después del 2000 muchos encontramos en la
cría un negocio. (…) Se usa mucho en la santería. Los santeros las
compran por montones. Están también las competencias de interés y la
gente que las cría por placer. (…) Hoy en Cuba hay barrios enteros de
criadores porque es una fuente de ingresos relativamente fácil aunque
hay que tener condiciones, y mucha gente ignora lo peligrosas que pueden
ser si las condiciones de cría no son las mejores. Hay ciudades en
Europa donde les han declarado la guerra, donde las consideran una
plaga, incluso las llaman ratas con alas”, comenta Larraín.

Clima húmedo y caluroso, condiciones higiénicas deplorables,
hacinamiento poblacional, pésimo abastecimiento de , son algunas de
las variables que favorecen el incremento de enfermedades asociadas a la
cría de palomas en los barrios marginales de Cuba.

Las infecciones con criptococos, la histoplasmosis, la alveolitis
alérgica, son algunas de las afecciones que en sus formas severas han
cobrado la vida tanto de criadores como de personas que han sido
expuestas a los agentes patógenos dispersados en el aire y disueltos en
las aguas de consumo humano.

Se estima que tan solo en La Habana se reportan diariamente unos veinte
casos de pacientes con manifestaciones de dolencias agravadas que
guardan relación directa o indirecta con la cría de palomas.

“No siempre son criadores, también son las personas que viven en las
cercanías de un palomar o que consumen aguas y alimentos que provienen
de fuentes contaminadas”, considera el doctor Manuel Zaldívar, del
Hospital Julio Trigo. “Todos los días se reporta al menos un caso, ya
sea leve o grave, en el hospital, sobre todo porque atendemos los
municipios periféricos, donde hay mayor número de criadores y peores
condiciones higiénicas. (…) Hay muchas de estas enfermedades que
transcurren de manera asintomática o que un sistema inmune normal
combate sin necesidad de medicamentos, otras se manifiestan como
afecciones respiratorias agudas y nadie las relaciona con la cría de
palomas, pero otros casos tienen consecuencias fatales y no son casos
raros. Se han convertido en parte de la rutina diaria de cualquier
hospital de Cuba”, afirma el especialista.

Las palomas, más que símbolo de paz, se han transformado para muchos en
una peligrosa opción de sobrevida. Los palomares, unos nada sofisticados
y otros edificados como parte estructural de la vivienda, ya se han
integrado a nuestro paisaje debido a esa necesidad de los cubanos de
encontrar alternativas para resistir un entorno económico tan duro y
difícil que ni siquiera el peligro inmediato de enfermar o morir es
argumento suficiente para abandonar la batalla diaria por salir adelante.

Source: Tan peligroso como ser palomero CubanetCubanet –
www.cubanet.org/actualidad-destacados/tan-peligroso-como-ser-palomero/

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